Cosas de Mandinga
Carlos Bouzas
Parece cosa’e Mandinga», solía decir un vecino, cada vez que se confirmaba alguna predicción. Eso que los más ilustrados llaman premonición.
El Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP) de Argentina acaba de dar a conocer una encuesta de calidad de vida entre los habitantes de Buenos Aires. El 98.3% considera que el crimen y la violencia son los principales problemas de la ciudad. Mientras que el 97.5% se inclina por el desempleo y el 97.1% por la pobreza. Obviamente, cada persona consultada respondió sobre lo que considera los dos problemas más acuciantes.
Eso quiere decir que casi la unanimidad de los porteños une falta de seguridad con falta de oportunidades de trabajo y falta de dinero para comer.
En un informe desde la capital de Argentina, el corresponsal de «El País» de Madrid opina que «la caída libre de las clases medias y bajas en el abismo económico después de la liquidación de los bienes del Estado en los primeros años de la década menemista (…) no parece tener fin. La degradación y el derrumbe del ánimo se percibe en las calles junto con la cantidad inédita de pordioseros, mendigos y linyeras».
El censo dice que en las villas miseria habitan tres millones de personas. La modalidad de los delitos pone de manifiesto la desaparición de algunos cánones morales que en cualquier sociedad organizada e integrada, cumplen, también, los delincuentes.
Por ejemplo, el elemental respeto por la vida del prójimo, en el sentido de no atentar contra ella, salvo que se considere necesario.
En ese sentido se ponen los ejemplos de rapiñas con violencia sobre ancianas, con la consiguiente consecuencia de la muerte o la invalidez; el lanzamiento de piedras desde los puentes a los vehículos que circulan por las carreteras de acceso a la ciudad con la finalidad de detenerlos y asaltarlos; el fusilamiento a mansalva de un semejante para obtener un reloj de pulsera. Le recuerdo que este tipo de delitos ya se han practicado y se practican en Montevideo.
El Síndico General de la Nación, que es hermano del director técnico del seleccionado argentino de fútbol, manifiesta que «se ha invertido la clásica movilidad social argentina; ahora el techo no es perforable y lo permeable es el piso. Por eso se cambia de clase pero hacia abajo».
Como respuesta a este gran problema, el Parlamento se ha puesto a discutir el endurecimiento de las penas y mayor rigidez en la reclusión de los delincuentes. Yo no discuto que eso sea necesario o conveniente. Pero pienso que la situación que pintan –tanto la opinión ciudadana como los pocos ejemplos citados, como la opinión del jerarca– ponen de manifiesto, de manera unánime, que existe real peligro de desestructuración de la sociedad.
Si usted es adicto a esta página, recordará que la semana anterior manifesté mi preocupación de que esto pueda ocurrir con la sociedad uruguaya, a propósito de preguntar para qué corno buscamos la reactivación económica.
En la sociedad argentina, el camino a recorrer para la recuperación de la convivencia ciudadana será muy trabajoso. Allí –como expresa el corresponsal del periódico madrileño– ya se liquidaron los bienes del Estado.
Aquí todavía estamos a tiempo.
* Militante del Frente Amplio
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