Los sucesos de la Escuela Militar

La formación en los centros de enseñanza castrenses

Más de una vez nos hemos ocupado del tema. Y pensamos que vale la pena seguir insistiendo en él en la medida que se ha convertido en una asignatura pendiente, en un problema a resolver por los gobernantes y por la sociedad toda.

Nos referimos, claro está, a la enseñanza que se imparte en los centros educativos castrenses, en los institutos de formación militar, donde se moldea el espíritu, se forja el carácter y se inculcan valores a los compatriotas a quienes ha de confiarse –teóricamente al menos– la defensa de la nación.

Tal vez la última referencia al tema tuvo lugar hace algunos meses, en oportunidad de la boutade de José Carbajal. Dijimos entonces: «A nadie se le ocurrió que el ya famoso exabrupto de El Sabalero podría merecer, además de actos de desagravio y de citaciones judiciales, que los dirigentes políticos se detuvieran a analizar por qué una parte de la sociedad suscribe la opinión del cantautor.»

Pues bien, los hechos recientes acaecidos en la Escuela Militar parecen dar la razón a esa percepción de que en los centros educativos castrenses los valores que el consenso social acepta como válidos no son tenidos en cuenta.

En el mismo editorial ya citado nos preguntábamos: «¿Alguien conoce, por ejemplo, cuál es el concepto de Patria que allí se imparte?

«¿Sabemos si además del famoso pundonor se les inculcan valores humanistas?».

«¿Cómo se compatibilizan las nociones de obediencia y de estricto respeto por las jerarquías, con preceptos morales opuestos a ellas?»

Los sucesos de la Escuela Militar están, en alguna medida, respondiendo a esos interrogantes. Y la respuesta es realmente preocupante, sin perjuicio de la reacción positiva de las autoridades de ese centro educativo castrense. Se ha denunciado toda una serie de prácticas absolutamente reñidas con la convivencia civilizada y que denotan una vesanía insana e inútil, prácticamente rayana en el sadismo. Resulta obvio señalar que quienes van a integrar los cuerpos de defensa del país deben recibir una formación acorde con la función que supuestamente deberán cumplir como profesionales. Y que esa formación debe tender a un cierto endurecimiento del cuerpo y del espíritu de los futuros funcionarios. Pero de ahí a esta suerte de régimen espartano en versión siglo veintiuno, hay un abismo. No en vano han transcurrido cerca de dos mil quinientos años desde que el rigor militar con que se criaban los ciudadanos de esa polis griega era percibido como una virtud. Y además, ¿desde cuándo la humillación debe propender a forjar el carácter de los soldados? ¿Humillar a otro ser humano forma parte de los valores que se imparten? ¿Quién puede sostener sensatamente que una persona víctima de humillaciones será mejor soldado?

Queremos reiterar que la pronta respuesta de la Dirección de la Escuela Militar –que sancionó con arrestos y otros castigos a cadetes y clases responsables del destrato– merece destacarse como un hecho alentador, y no es descabellado abrigar la esperanza de que terminen por erradicarse estas prácticas deshumanizadas y deshumanizantes, métodos bárbaros aptos para formar torturadores.

Hagamos votos por que la razón y el humanismo desplacen definitivamente a los antivalores.

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