¡Convencer para proseguir construyendo un Uruguay más justo!

En la noche del domingo próximo pasado tuvimos sentimientos encontrados, que de alguna manera opacaron el festejo de los frenteamplistas y de los compatriotas que nos acompañaron. Ello se revirtió rápidamente el lunes, cuando nos informamos que está prácticamente confirmado que se logra la mayoría parlamentaria en ambas cámaras, lo que permitirá continuar aprobando proyectos de ley que reflejen lo establecido en el Programa y la Plataforma Electoral del Frente Amplio.

En este artículo me ceñiré a analizar u opinar sobre las elecciones nacionales, porque hay que seguir hacia adelante y superar el sabor amargo que nos dejó no haber logrado las mayorías necesarias para anular la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. Este tema será analizado a la brevedad con detención, pero sí expreso que hoy más que nunca hay que llevar a la Presidencia de la República al compañero José Mujica, para que prosigamos aplicando en profundidad el contenido del Artículo 4º de la Ley.

Hasta el día de hoy no comprendo qué es lo que festejó la Dirección del Partido Nacional en esa noche, ya que su votación significó una pérdida de miles y miles de votos (110.000) y la disminución de su bancada en 2 Senadores y 6 diputados, lo que indica en forma elocuente el retroceso sufrido. El 25 de octubre el soberano dictaminó: no quiere ni acompaña en esta instancia un presidente proveniente del Partido Nacional y menos aún tratándose del doctor Luis Alberto Lacalle.

El Frente Amplio, aún siendo gobierno, con la erosión que ello significa, obtuvo una importantísima votación, que dio como saldo positivo haberle ganado a los dos partidos tradicionales juntos y haber concretado un nuevo avance en el interior del país, logrando la mayoría en 11 departamentos, en contraposición a los 8 que habíamos logrado en las elecciones municipales de 2005.

La mayoría parlamentaria que obtendrá el Frente Amplio otorga absoluta certeza de que es imprescindible ganar el 29 de noviembre, para que el país transite por la normalidad institucional correspondiente, evitando pujas, vetos y decretazos que harían crujir a la Nación. Confirmaremos que la Presidencia y la Vicepresidencia de la República, a partir de marzo próximo, estén a cargo de los compañeros José Mujica y Danilo Astori.

La derecha, enquistada en la dirección de los partidos tradicionales desde 1996, preveía que el avance del Frente Amplio era incontenible, por ello engañando a la población logró una reforma constitucional, que nosotros no votamos, con el propósito de frenar al frenteamplismo. A partir de ese momento, una y otra vez desarrollaron la estrategia de confundir a un sector de uruguayos, pero en 2004 la mayoría de nuestro pueblo supo elegir, tal cual lo hará en el próximo balotaje.

Quisiera destacar especialmente la emoción que sentimos en la noche del 25 de octubre, cuando fuimos envueltos y alentados por una marea humana, por miles y miles de militantes que se abrazaban a la bandera de Otorgués confiados en el triunfo final. Ellos fueron, en el Interior y en la capital, los que aportaron mayor esfuerzo, que acompañaron las marchas, las caravanas, los actos políticos, que trabajaron en los barrios y pueblos y en los comités de base de toda la República. Una vez más, ratifico mi orgullo de ser frenteamplista, porque no existe un ser político más humano, más solidario y fraterno en nuestra sociedad, que además no escatima sacrificios para lograr un Uruguay más justo.

Nuestra tarea de ahora en adelante es convencer más que nunca al mayor número de uruguayos para que analice con objetividad las dos propuestas que se contraponen, la nuestra, que representa la honestidad, la solidaridad, la seguridad, el bienestar y el futuro, y la del Partido Nacional y el Partido Colorado, que se unen una vez más para intentar gobernar de espaldas a la gente y beneficiar intereses que no son los del pueblo. La fórmula más representativa de la dirigencia de ambos partidos debería ser Lacalle- Bordaberry.

El Frente Amplio en pocas horas ha trazado su estrategia, que no puede ser otra que destacar los logros de nuestro gobierno; publicitar estrictamente el contenido del Programa; resaltar el planteo para obtener acuerdos programáticos con todos los partidos, que contiene temas como la educación, la seguridad, la energía y el medio ambiente. En el transcurso de la corta campaña electoral deberemos ir desgranando nuestra opinión sobre propuestas para la juventud; para los jubilados; para hacer desaparecer la indigencia y los compromisos ya asumidos en cuanto a una reforma del actual sistema tributario.

Con Mujica y Astori gobernaremos en el próximo quinquenio, abarcando todo el espectro de la sociedad; por supuesto a los más desposeídos, pero también el desarrollo de políticas dirigidas directamente a las capas medias, que han sido gran parte de nuestro sustento y que en las últimas semanas han protagonizado gestas extraordinarias que han conmovido al país. Los sectores productivos proseguirán siendo atendidos sin excepción. No cejaremos un solo ápice en la defensa irrestricta de los derechos humanos.

Restan cuatro semanas de movilización intensa; comencemos por valorar en sus justos términos lo que hemos logrado e impulsemos el conocimiento de nuestras propuestas y las bondades de nuestros candidatos, Mujica y Astori.

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