Hay más batallas
Al volver de la batalla, cansados, heridos, sangrantes pero no vencidos, comienzan las otras sobre la definición presidencial y las de comunas y juntas departamentales del año que viene. Pero, en el ínterin hay un momento de reflexión y autocrítica estratégica. El cerno del partido blanco se ha mantenido con un tercio del electorado y es la segunda fuerza política. Que no es poca cosa por cierto.
Aunque justo es admitir, no convencimos en esta instancia a los votantes flotantes que componen sectores importantes y decisivos del espectro político nacional. Comencemos. En primer lugar hubo un electorado colorado que en la pasada elección se volcó al nacionalismo que ahora parecería volvió a su redil partidario por vía de don Pedro. Los colorados, acertadamente renovaron su partido en una gestión proselitista convincente de Bordaberry, que logró superar incluso el anatema de su apellido, dicho con respeto pero en innegable realidad, y conglomeró en su entorno a la más definida «derecha». Nosotros en cambio, y que me perdonen los estrategas, no le «pegamos» a mi criterio, al estilo tradicional blanco en las exposiciones y planteos, no obstante la profusión de ideas e iniciativas en el plan de gobierno. En una elección nacional, que en puridad se asemeja a una guerra, los «cantos de amor y paz» propio de místicos argumentos o de grupos de reflexión, en un partido guerrero que cada vez que «tendió la mano» se la escupieron, no se entiende.
El «amor por los contrarios» ni los «besos de lengua» con los enemigos.
Somos todos orientales. De acuerdo. Y si ese idílico sentimiento fuese cierto, de seguro cuando muramos, iremos al paraíso. Pero mientras tanto, en el «paisito», no estamos en el «paraíso». Y los «mansos» pierden por «nabos». Ante insultos y agravios los cristianos ponemos la «otra mejilla». Pero, que yo sepa, ni Oribe, Saravia ni Herrera por citar a algunos, lo hicieron… Y ese, es el estilo que gusta. Muy bueno lo de Jorge Larrañaga. Nadie puede negar, guste o disguste, que ha «llevado el partido al hombro». Enfrentó, respondió y fue el jefe de vanguardia a «lanza y bola» poniendo el «pecho» a las balas.
¡Vaya para los que en voz baja le buscaban defectos! ¡Hoy se estarán mordiendo la lengua!
Los «buenos modales y piadosas flexiones» no enardecen las masas blancas. Más bien las «enfrían». O sea, tenemos que volver a los caudillos. Los Acevedo Díaz y sus doctores que esperen. Es la hora de los Saravia.
¿Nadie se pregunta asombrado, cómo gana el «Pepe» entre los suyos?
Es simple. Es caudillo. Interpreta al pobrerío. No es la primera vez que pasa entre nosotros. Tal vez no tan agravado, pero ¿qué era Nardone entre el proletariado rural?
Decía disparates igual que el «Pepe», pero era creíble.
¿Quién no admira la brillante oratoria de Julio María con su versatilidad o las «verdades» de Jorge Batlle? ¡Pero nadie se lo cree! ¡Ni ellos mismos supongo! ¡Por eso ganó don Pedro! ¡Y Larrañaga es también creíble y lo prueba en los hechos! Claro, los tiempos cambian, y en el siglo XXI de las globalizaciones y cibernética, los Nardones y los Mujicas parecen fuera de contexto, aunque para los humildes suenen «creíbles». Y esto vale como premisa para la clase política. Se podrá tener como cité, brillante oratoria, los originales y buena «pinta» para la TV, y los que miran, convencidos de que le están mintiendo.
¡No se tragan la «pastilla»! Hay una vieja clase política que sufre un drama.
¡Saben mucho, pero fueron!
¡La gente no los quiere!
Tal vez el ejemplo de Julio María y de Batlle ante lo «novedoso» de don Pedro, sea una contraposición real. Que no nos pase a nosotros lo mismo.
Brindamos una fórmula excelente en la experiencia Lacalle con un gobierno que ejecutó brillantemente, reconocido incluso por el propio Tabaré Vázquez, acompañado por la fuerza de las ideas y credibilidad de Larrañaga como figura nueva de recambio y progresismo. Experiencia y renovación que aspira a una patria nacionalista e independiente no sólo de los imperios sino de otra cualquiera por cercana continentalmente que esté. No somos brasileños, ni porteños, ni venezolanos aunque en sus ámbitos pueda o no tener sus razones válidas.
¡Somos independientes!
¡Entre otras razones múltiples, por eso somos blancos! ¡Nunca más blancos que ahora!
¡Sin discursos plañideros y contemplativos con los enemigos! ¡Corrijamos estrategias!
¡La patria se hace entre todos!
¡Pero los «todos», deben respetarse entre «todos»!
¡Repongamos filas y a la carga! ¡Vuelve a sonar el clarín de Camundá!
Compartí tu opinión con toda la comunidad