Lo mejor para gobernar es ser minoría

En este largo y retorcido camino ideado por la derecha uruguaya para impedir que el Frente Amplio logre el acceso al gobierno, se abre una nueva etapa que comienza, una vez más, signada por la estrategia del miedo.

Es notable lo que la desesperación del hombre puede llegar a idear con tal de lograr su objetivo. Encontrar una nueva versión del terrorismo imbuida de una muy alta dosis de absurdo para cada período no es para cualquiera.

A qué me refiero? A que han cambiado el versito de que la izquierda se llevará a los niños a La Habana por algo mucho más ridículo: la nueva tesis esgrimida por blancos y colorados que «no es bueno que alguien tenga mayoría parlamentaria y sea gobierno porque acumula demasiado poder». Esta tesis pasará a engrosar el archivo de las insensateces de los mediocres del mundo entero con serias aspiraciones de alcanzar el primer puesto. Yo creo que la mayoría de los uruguayos aspiramos a que el gobierno pueda gobernar y para eso no alcanza solamente con ganar la Presidencia sino que, además, se debe contar con un apoyo parlamentario que se lo permita.

Es lo que se hace en todo el mundo. El presidente Obama ganó la Presidencia pero festejó también la mayoría en las cámaras y eso sucede en todo el mundo. Parece que los inquietos y atemorizados asesores de prensa de la derecha no han entendido. Es una ley básica de la política. Incluso acá, los mismos que le sacan las telarañas a esa trasnochada tesis son los que pretendían ganar la Presidencia y sacar mayoría en el Parlamento, como no lo lograron, argumentan todo lo contrario.

No creo que si hubiesen logrado la Presidencia y la mayoría parlamentaria hubieran pedido anular la elección o le habrían cedido bancas al FA para quedar en minoría en el Parlamento.

En la política siempre se trata de buscar el apoyo de las mayorías, no de las minorías. Claro que eso depende de qué intereses se estén defendiendo pero de todas maneras nadie da la lucha política para ser minoría.

Esta fabulosa mentira tiene que ser desenmascarada porque, además, si no estoy mal informado (reconozco que falté a alguna clase de Historia), durante 180 años blancos y colorados gobernaron haciendo uso de las mayorías parlamentarias y de la Presidencia de la República.

Esta nueva tesis esgrimida por blancos y colorados (cada elección que pasa se les nota más y más juntitos) es fruto de la desesperación. Ellos se tomaron el primer gobierno del Frente Amplio como una especie de recreo de gobernantes vitalicios para que «los botijas chiveen un poco». El tiro les salió por la culata y ahora comienzan las desesperaciones.

Como la de Hugo de León, que se pasó gritando, en cuanto acto colorado participó, contra el FA y contra los blancos, tildando de traidores a los colorados que votaron a los blancos y sentenciando: colorado vota a colorado. Pues ahora resulta que como perdió, el hombre cambió de postura y sostiene que colorado vota a blanco. ¿Con qué cara le va a decir a los colorados, a sus votantes, que voten al Partido Nacional?

Por otra parte, un Partido Nacional desdibujado, doblado por los golpes, decidió que a don Jorge Larrañaga, que tanto anunció que el FA «escondía» a Mujica, le gustó la táctica y decidió «esconder a Lacalle» para que no hable mucho. En su lugar hablará él y nos proporcionará obras maestras de oratoria, como aquellas a las que nos acostumbró durante estos últimos meses.

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