EDITORIAL

Con Artigas o con los restauradores

Un balotaje, donde las fuerzas pueden llegar a estar parejas, es uno de los momentos de mayor tensión de la lucha política, porque lo que está en juego es el gobierno.

Si esto es así requiere de las fuerzas políticas una fuerte centralidad, para poder llevar adelante una campaña electoral que tiene en menos de 30 días su momento de definición.

Esa centralidad, para que sea efectiva, debe contemplar muchos aspectos, pero fundamentalmente uno: una estrategia que contenga cuatro o cinco pilares, para presentarse con una propuesta única, clara, sencilla y penetrante, donde forma y contenido deben complementarse.

El gran desafío que tiene por delante el Frente Amplio es presentarse ante la sociedad como el partido que tiene un proyecto de República, capaz de seguir trasformando a nuestro país, que tiene vocación de progreso.

Allí están las realizaciones del gobierno progresista del doctor Tabaré Vázquez, que no fueron medidas aisladas, de corto plazo, sino que todas apuntaron a la transformación profunda de nuestra sociedad y de nuestra economía.

Esas realizaciones hay que exponerlas mejor que lo que se ha hecho hasta ahora, pero siempre dejando bien claro que todas tienen la virtud de que generan nuevos hechos y escenarios, que nos van a permitir seguir avanzando y desarrollando un proyecto nacional, si el gobierno no cae en manos de la cúpula derechista de los partidos tradicionales.

Por eso el discurso de la fórmula presidencial (Astori-Mujica), más que nunca tiene que ser abarcativo de nuevas capas sociales y de actores políticos. Por ello se hace imprescindible que la gente sienta, por encima de lo que votó el 25 de octubre, que hay una mano tendida para ganar el 29 de noviembre y comenzar a disfrutar del nuevo amanecer, donde el logotipo de la Presidencia se muestre, en los próximos cinco años, mucho más por encima del horizonte.

En este sentido los símbolos, las formas y los contenidos de la comunicación, deben tener un profundo sentido de patria. La bandera uruguaya, la de todos, tiene que ser enarbolada por los frenteamplistas porque es esta fuerza política la única que puede construir una sociedad de consenso, donde todas las energías confluyan en un porvenir común.

Junto a la bandera nacional, celeste y blanca, con ese sol que la ilumina, debe de estar la bandera de José Artigas, el héroe latinoamericano de la primera independencia que se colocó, desde un comienzo, junto a los más humildes.

El gran debate hacia el 29 de noviembre está entre Artigas y los restauradores posteriores, que en estas horas se manifiesta entre José Mujica y Danilo Astori, compitiendo republicanamente con la restauración de Luis Alberto Lacalle y Pedro Bordaberry.

En eso estamos y ya se sienten en el horizonte los cantos de la victoria popular, democrática y profundamente patriótica.

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