El credo del libre mercado se autodestruyó
Asistimos al capítulo final del neoliberalismo como política económica y a su papel preponderante en el mercado como regulador. Se impone, por tanto, la actuación del Estado en la economía conduciendo con armonía las actividades de las finanzas y la producción de bienes materiales. Quienes apostaban al mercado como eje de la economía, y dejaban en sus manos que funcionaran las fuerzas ciegas de la Ley de Oferta y Demanda, sin regulaciones, controles, supervisiones u otra forma de intervención del Estado, hoy claman por el rescate y la presencia estatal. La desregulación financiera, uno de los estandartes del neoliberalismo, no es más que la falta de control en la actividad de la banca bajo el dogma de que el mercado lo regula todo, lo cual ha contribuido a la presente crisis financiera.
Como afirmó correctamente el filósofo político John Gray, ex profesor del London School of Economics, «la era del liderazgo global estadounidense, que se remonta hasta la Segunda Guerra Mundial, se acabó… el credo del libre mercado estadounidense se autodestruyó mientras que los países que han mantenido un control general de los mercados han sido reivindicados». El economista cubano Osvaldo Martínez, director del Centro de Estudios de la Economía Mundial, con sede en La Habana, afirma acertadamente que asistimos a la crisis más intensa y profunda del capitalismo, desde 1929, y sin tener un pronóstico apocalíptico, pronostica el fin del neoliberalismo y de la supremacía del dólar como moneda de comercio internacional.
Por primera vez convergen cinco crisis: financiera, ecológica, alimentaria y social, lo que hace difícil el camino a la solución de la economía, tanto en Estados Unidos, como en el resto de los países que reciben desde ya los impactos. Por ende, la globalización neoliberal deberá ceder su lugar a un Nuevo Orden Económico Mundial y a un Nuevo Orden Financiero Mundial.
Hay que renunciar a la especulación como instrumento comercial, tomando en cuenta de que ha sido la causa de la creación de burbujas de valores ficticios, cuya explosión constituye la esencia de la actual crisis. Y el dólar no deberá en el futuro continuar como moneda preponderante en la cotización de los mercados internacionales, debería ser sustituido por una canasta de monedas o alguna otra fórmula que impida la influencia de una crisis sobre todos los países.
Sin duda hoy se reafirma el carácter destructivo del capitalismo, como sistema. Sus crisis cíclicas dejan en la inseguridad a la gran mayoría de los habitantes del planeta. El credo del libre mercado estadounidense se autodestruyó y quienes lo siguieron equivocadamente hoy pagan graves consecuencias.
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