¿Por qué habla tan alto el uruguayo?
Este tono levantado es un defecto de raza. Viejo e incurable.
Tenemos la garganta destemplada y en carne viva. Hablamos a grito herido y estamos desentonados para siempre, para siempre porque muchas veces tuvimos que quedar afónicos en la historia hasta desgarrarnos la laringe.
La primera fue cuando descubrieron nuestro continente y fue necesario gritar ¡Tierra!, ¡tierra!, ¡tierra!
Hubo que gritar esta palabra para que sonase más fuerte que el mar y llegase a los hombres que habían quedado en la otra orilla, pendientes del descubrimiento para su sobrevivencia.
El segundo fue cuando salió por el mundo grotescamente vestido, con una lanza rota y una visera de papel aquel estrafalario de La Mancha, lanzando al viento desaforadamente esta palabra de luz olvidada por los hombres: ¡justicia!, ¡justicia!, ¡justicia!, que atravesó varios continentes.
El Quijote era un poeta activo y de trasbordo, y se diferenciaba de los demás poetas ordinarios del mundo, pues quería escribir sus poemas no con la punta de la pluma sino con la punta de la lanza, pues donde está la imaginación ha de estar la voluntad enseguida: con la vida, con el sacrificio, con la carne, con la muerte, con heroísmo, etcétera.
Esa metáfora poética desemboca entonces en la gran metáfora social, hazaña revolucionaria como tal y que nos acompaña.
Los otros gritos son más recientes, donde todos estuvimos en el coro. Aún tenemos la voz parda de la ronquera, fueron los que dimos en el 73 repudiando el golpe, luego desde la huelga de hambre de Germán Araújo, la huelga de hambre de Wasem Alaniz, la muerte de Roslik, el retorno de los exiliados, la liberación de todas y todos los presos políticos exigiendo ¡Amnistía, Verdad y Justicia! Y continuamos luchando por saber dónde están nuestros desaparecidos, reivindicando ¡Uruguayos nunca más!, para poder tener un lugar donde homenajearlos, llevarles una flor, esa que fueron ellos y donde «aromando las calles, persiguiendo un destino» (Víctor Heredia) nos enseñaron y señalaron el camino a todos.
Todos fueron gritos a favor y en contra, con actos y homenajes varios, días para recordar y ofrendar a todas y a todos.
Pero el más humilde y significativo, a mi entender, es el proclamado por el compañero Hugo Cores, que sostenía ¿cuándo se conmemorará el día de los caídos en la miseria…?.
Sí, el 2002 reciente empujó a 1.000.000 de uruguayos a la pobreza y gritamos ¡un millón de pobres nunca más!
Los oídos rosados nunca los oyeron.
Los viejos Rabadanes del mundo que escriben la historia a su capricho, cerraron todos los postigos, se hicieron los sordos, se taparon los oídos con cemento y todavía ahora no hacen más que preguntar como los pedantes: ¿Por qué hablan tan alto los uruguayos?
Sin embargo el uruguayo no habla alto. Ya lo he dicho. Lo volveré a repetir:
El uruguayo habla desde el nivel exacto del hombre, y el que piense que habla demasiado alto es porque escucha desde el fondo de un pozo.
Ojalá el 25 también escuchemos gritar y gritemos:
¡Festejen uruguayas/os, festejen!
Artículo inspirado y adaptado en poemas de León Felipe
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