Significado del 12 de octubre
El pasado lunes 12 de octubre se cumplió un año más de los acontecimientos ocurridos en el continente americano en 1492.
Antes, en Venezuela, ese día se celebraba como el Día de la Raza o del Descubrimiento y era feriado y festejado. Nuestro gobierno redefinió eso y hoy se llama el Día de la Resistencia Indígena.
Desde la República Bolivariana de Venezuela decimos que lo ocurrido en esa oportunidad fue un acto de imposición y un revés para nuestros antepasados, no obstante, hoy seguimos en pie de lucha y resistiendo contra toda forma de dominación, sojuzgamiento y exclusión, con el único fin de evitar que en nuestra Madre Tierra vuelvan a repetirse actos vergonzosos para la humanidad como la colonización de nuestro continente por potencias extranjeras, hecho que trajo consigo la desaparición y destrucción de pueblos enteros por ser cultural y religiosamente diferentes, y por estar asentados sobre territorios ricos en oro, perlas, plata y ahora el petróleo, cuyas extracciones han servido para sembrar de miseria y enfermedades a nuestra gente, y esclavizar a nuestros hermanos del continente africano, a quienes también rendimos un homenaje por acompañarnos en un período nefasto para nuestros pueblos, y a sus descendientes por ayudarnos a construir un nuevo orden mundial.
Sobre el significado del 12 de octubre de 1492 se han erigido muchas versiones y visiones. En esta oportunidad destacaremos las dos más importantes, que son contradictorias entre sí pero a su vez tienen el denominador común de ser absolutamente subjetivistas.
Encontramos por un lado, la concepción de la «leyenda negra» que sostiene que nuestros males actuales tiene su origen en la errónea cultura que hemos asimilado, sin que hayamos tenido una reacción positiva para buscar nuestro propio camino, cultura que sólo entendió de aventuras, de riqueza fácil, sustentada sobre unos hombres que llegaron solos, sin ánimo de asentamiento ni de formar familias, aun cuando se practicaba el derecho de ser pobladores con las nativas indígenas, no dejaron instituciones ciudadanas, y se cumplió solamente para la satisfacción del soberano.
Incluso algunos, utilizando como herramienta de análisis la genética y la psiquiatría, llegaron a afirmar que muchos de esos males hay que explicarlos por la «locura» que estuvo presente en los «conquistadores», pobladores prácticamente desahuciados de la España de entonces.
Por otro lado, se levanta otra tesis, la de la «leyenda blanca», que sostiene que España era un imperio de gran amplitud, con una literatura rica y una lengua madura, con raíces históricas en el pasado romano y una tradición medieval de cultura, toda impregnada de un esfuerzo bélico prolongado contra los moros, con la satisfacción de haber realizado obras a escala planetaria y de haber difundido su cultura por tierras extrañas. Los indios, por el contrario, no dejaron obras equivalentes a los trabajos cimeros del hombre occidental, a lo cual debe añadirse que la cultura del conquistador sabía ser eficaz en el terreno militar, y, al iniciarse la colonia, en la organización de la sociedad.
La pobreza espiritual de nuestros países en el curso de su historia se debe fundamentalmente a la brusca separación de la fuente original de la cultura hispánica.
Más allá de algunas verdades que son evidentes en ambas concepciones, existe, no obstante, una fuerte dosis de determinismo cultural, hacia los prejuicios o bondades de la conquista y colonización española.
Con el gran escritor venezolano, Mariano Picón Salas repetimos: «Ni los conquistadores españoles fueron siempre esos posesos de la destrucción que pinta la leyenda negra, ni tampoco los santos o caballeros de una cruzada espiritual que describe la no menos ingenua leyenda blanca».
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