Las soluciones de la derecha
En la presente campaña electoral que en pocos días llega a su fin, hemos podido comprobar que los asuntos que desvelan a la derecha, esto es, a los dos partidos tradicionales, tienen que ver con aspectos de política impositiva y con la falta de seguridad en las calles. Exceptuando esos dos asuntos, las propuestas electorales de blancos y colorados son prácticamente inexistentes. Salvo la idea del candidato a la Presidencia por el Partido Colorado de extender la enseñanza universitaria al interior del país, de factibilidad dudosa, no hay propuestas creíbles en el discurso de los partidos conservadores.
En cambio, en lo que respecta a la política fiscal, los dos partidos históricos coinciden en la eliminación del IRPF bajo la consigna de que no paguen más los que más trabajan. Ingeniosamente, han dado vuelta la propuesta frentista (de que paguen más los que más tienen y menos quienes tienen menos) para mostrar que la Reforma Impositiva castiga al uruguayo de clase media y no al gran capital, como si ellos blancos y colorados por igual hubieran sido partidarios de gravar fuertemente al capital y de defender a los asalariados. ¡Qué tupé! Por supuesto que nada dicen de bajar el IVA u otros impuestos indirectos que, esos sí, castigan a toda la población y fundamentalmente a los sectores bajos de menores ingresos.
Y si de la política tributaria pasamos a las soluciones propuestas para combatir la inseguridad, nos encontramos con ideas francamente reaccionarias, típicas de las clases conservadoras que pretenden convertirse en portavoces y fieles intérpretes del sentir de la población. Frente a la inseguridad que naturalmente siente el ciudadano medio, las iniciativas de los partidos tradicionales no buscan otra cosa que no sea combatir los efectos del problema. Se habla de reducir la edad de imputabilidad como si eso fuera la panacea, el milagro que detendrá a los jóvenes delincuentes y los disuadirá de delinquir. Ignoran que las medidas de corte represivo en nada operan como desestímulo a la actividad delictiva. Del mismo modo que claman y reclaman que los carritos de hurgadores no circulen más por las calles de los coquetos barrios montevideanos, dando una imagen deplorable al turista e incrementado la mala conciencia de los privilegiados, exigen más medidas represivas, mayor rigor punitivo y más cárceles para alojar a los marginados. No es otra cosa que soslayar el problema social: que no se vea, que no esté presente en nuestra realidad cotidiana; no a otra cosa apuntan las «soluciones» de la derecha.
Recurriendo a la manida comparación médica, podemos confirmar que la terapéutica sugerida no se centra en atacar las causas del fenómeno sino sólo sus efectos visibles.
El delincuente no es sino un inadaptado; el hurgador eligió esa forma de ganarse la vida. Entonces, como el resultado de su actividad es nocivo para la sociedad «sana», pues ocultémoslos, segreguémoslos para que no nos recuerden que existen, que están ahí como una pústula que nos quita el sueño. No permitamos que esos carritos miserables, tirados por equinos tan miserables como sus conductores, nos perturben nuestro pacífico sueño; recluyamos a todos los infractores en establecimientos lo suficientemente seguros como para que podamos seguir consumiendo sin problemas, sin temor a que nos quiten lo nuestro y sin problemas de conciencia.
He ahí la gran diferencia entre la visión de la izquierda y la visión de los partidos conservadores. Los partidos que son incapaces de asumir su responsabilidad por los efectos nefastos de las políticas implementadas durante sus administraciones.
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