Abuelos de la nada
Abuelos de la nada
En Uruguay los censos son el testimonio probatorio de que en el medio siglo que nos precede cada gobierno ha tenido uno subsiguiente, que ha hecho verdad el aforismo: «Ya vendrá uno más malo que te haga bueno».
Llegamos al límite de la pradera agroexportadora cárnica en los cincuenta, cuando nuestra relación novillohabitante topeaba la relación cuatro a uno. El mundo feliz de las asociaciones rurales rioplatenses no soportaba más que un habitante cada cuatro novillos y eso fue lo que trajo los golpes rural-militar en Argentina desde 1930. Uruguay colma la ecuación oligárquica en 1950. Allí detiene su crecimiento, comienza a sacudirse toda la estructura social del país-oficina, al decir de Benedetti.
Con los cincuenta llegan tardíamente los efectos de la desaparición del Imperio Británico, tras la segunda guerra mundial. Fuimos la única colonia que se quedó huérfana de Imperio. Durante más de un siglo alimentamos con cueros las poleas de la revolución industrial inglesa y alimentamos a sus famélicos obreros. Nuestras vacas y la ingenuidad de nuestras clases dirigentes, hicieron la prosperidad mundial británica…
Descolocada, la oligarquía ganadera sólo atinó a reducir los comensales, de ahí el triunfo de los ruralistas a fines de los cincuenta.
El único proyecto de futuro de esta clase rentista fue el achique del país a sus necesidades de vender menos y seguir disfrutando de su buena vida.
Claro que el fin de la colonia feliz no iba a ser incruento. Cuando una casta política fracasa en su respuesta a las necesidades nacionales, se producen las revoluciones. Así le sucedió a los borbones franceses, cuyas cabezas rodaron en la guillotina vengadora. O a los decadentes Romanof, casta fulminada por la furia bolchevique… Aquí sólo la contumaz apoyatura externa del desconcertado Tío Sam, obtuso para comprender a los pueblos al sur del río Bravo, pudo pegarle la gambeta al destino.
La gestión de los últimos cincuenta años ha dado como resultado la emigración del 15% de la población, lo mismo que perdió España en la guerra civil, entre muertos y exiliados.
Otra consecuencia de este agotamiento es el envejecimiento de la población. En 1996 había un menor de 15 años cada cuatro, hoy se reducen a uno de cada cinco. En cambio, los mayores de 65 años pasaron de uno de cada ocho a uno cada siete.
Detener una rutina política suicida montada en medio siglo, no es fácil. Romper el círculo vicioso del achique no es cuestión de un quinquenio, hay todo tipo de hábitos perjudiciales que ya se han incorporado, que han generado dependencia social en amplios sectores de la población. Enviciando hasta la estructura jurídica del país, trabando el desarrollo. Se ha institucionalizado la corrupción, ejemplo acabado son las Safis, pervirtiendo los instrumentos societarios de organización del capital productivo, las sociedades anónimas. Por último el diseño de plaza financiera nos convirtió en enemigos de nuestros vecinos continentales, facilitando su evasión fiscal, fomentando la irresponsabilidad social de sus empresarios. En fin, apostamos a ser simples coimeros del narcolavado y de los burladores fiscales del continente…
En 2004 se pone fin a la caída de medio siglo de desgobiernos, de improvisaciones oligárquicas. Pero frenar la caída no es remontar la cuesta… Pero es de orden lo primero. Ahora a darnos un proyecto de país, una razón de ser en la región y el mundo.
Y en esto el único que ha tenido una propuesta clara ha sido el Pepe. Sólo apostando al país agrointeligente podemos darnos un lugar bajo el sol. Y ha de ser al abrigo del gran poncho americano que esta patria chica tenga sentido, proveyendo de población calificada a la región.
Los demás apuestan al olvido, que es lo único que los puede eximir de responsabilidades, pero no tienen suerte, porque al ser un país envejecido lo que sobra es memoria. Otros apuestan a ser «partido bisagra», un voto mercante, al mejor postor, a lo peor de la politiquería sin propuesta… Otros, por último, luego de perder una guerra con milicos de cuarta le proponen a la juventud declararle la guerra a los yanquis… Es cosa de viejos seniles.
Hay un solo proyecto de país y es el que ya está en marcha, el del Frente. Si no logramos acuerdo en esto no merecemos la tierra que nos alimenta, merecemos ser despojados de ella, condenados a la miseria o la expatriación.
¡Vamos, en noviembre, a enterrar a los «abuelos de la nada»!
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