Un ministro "tampón"
En el (los) elenco/s ministerial/es de Sanguinetti aparece como netamente diferenciada, la figura de un ministro que se ha caracterizado por su disposición plurifuncional aunque no politécnica. En efecto, se le han asignado los más dispares cometidos, con lo cual uno debiera imaginar estar ante un poliversátil.
Nada más errado. No olvidemos que los cargos ministeriales, salvo excepciones a contar con los dedos de una mano, son esencialmente políticos.
Para tomar decisiones políticas, en el transcurso de estos gobiernos, cuanto menos se sepa, mejor. Por varias razones.
-Porque se hace difícil a uno, siendo profundo conocedor del tema, obligarlo a defender una cosa sobre la que está convencido a priori, que no sirve, que no soluciona nada.
-Porque lo que cuenta es el grado de «adhesión», para cumplir, sin fisuras ni escarceos, los mandatos de «papá» Sanguinetti.
Y en este último sentido, el mencionado ministro lleva una inigualable foja de servicios, de ascenso meteórico en tiempo récord, que ha permitido que se olvide fácilmente su condición de ex militante sindical y político en tiendas opositoras al gobierno. Aunque su amistad con el actual presidente le haya valido algunos calificativos no deseables para el normal de los ciudadanos.
La función política del ministró «tampón» es precisamente esa. Servir tanto para un barrido como para un fregado.
Obstaculizar, «tamponear», los flujos y pujos producto del enfrentamiento ideológico entre las necesidades perentorias de los sectores de la actividad productiva del país y la política regresiva, impopular y hambreadora de estos gobiernos neoliberales. Evitar, en suma, que la opinión pública se entere, con la ayuda «ninguneante» de los medios de difusión (oh paradoja), de
Son especialistas, por ejemplo, en el «diálogo social«, donde la experiencia nos muestra que las tres partes participantes en el mencionado diálogo, son sólo dos: el gobierno monologuista.
Se larga la sonda de «dialogar». Y detrás de ello se esconde la estrategia boxística de agarrar y pegar al mismo tiempo. Ellos piensan que no parece razonable pensar en movilizaciones sindicales mientras se dialoga. Hagamos pues, un simulacro de «diálogo», cuanto más largo mejor. Y así, «tamponeando», evitamos los «indeseables» «flujos» de las movilizaciones.
En donde surge un problema, ahí ponemos un ministro «tampón»:
-Puede ser en Trabajo (¿y qué?), para contener y dilatar, ya que no solucionar, los problemas de los trabajadores, a los que se les ocurre reivindicar los salarios, ocupación, seguridad, estabilidad y otras paparruchas que su Majestad el Mercado globalizado no admite…
Pero sí puede, en el desempeño de su cartera, obtener contactos y conocimientos que le permitan, luego, cuando cesa el «mandato» oficial, actuando nuevamente en la actividad privada, «changar» entre las empresas. Asesorando patronales, por supuesto.
-Puede ser en Agricultura (porque si Pesca ya no hay, para qué queremos un ministro!!!).
Si «los tractorazos» se ponen de moda y los gremialistas de la actividad rural empiezan con sus flujos «indeseables», les ponemos un ministro «tampón».
Aunque como dicen que dijo el Pepe Mujica, no sepa ni cómo se tuerce un alambre.
Pero lo peor, es lo que está aún por venir.
En El «nuevo (?)» gobierno, se le ha nombrado en el Ministerio de Defensa.
En defensa de los intereses del «statu quo». Allí, ¿a quiénes hay que tamponear»?
A la tropa de las FFAA por supuesto. Para que no sigan con la cantinela de que tienen sueldos de hambre. Pero también a los inclaudicables que siguen (seguimos) exigiendo Verdad (y también Justicia hasta donde se pueda, sin renunciar a NADA, en el ancho margen de la Ley).
¿Qué mejor que un ministro «tampón» para obstaculizar la visión de irresolucióon del tema desaparecidos, que nos deja el gobierno de turno? Sobre todo ahora, que la presión internacional (otro flujo), ejercida sobre Sanguinetti a raíz del caso Gelman, parece que movió algún resorte de la máquina presidencial.
No sea cosa que en el futuro, tampoco a él lo dejen viajar…
Pero a no engañarnos. Dentro de unos días, el presidente será otro (?), o mejor dicho, tendrá otro nombre, y los compromisos verbales obtenidos bajo apremio, pueden quedar, y seguramente quedarán, nuevamente en el olvido. No hemos mencionado el nombre del ministro ex profeso, porque no es lo que importa, por tratarse de un mero engranaje más, de la infernal maquinaria de poder del gobierno actual. Mostrar esto último es, pues, el verdadero objetivo de esta nota.
Es por eso que un dirigente gremial del agro, salteándose al ministro «tampón», creyó más idónea la solución de lograr que se vaya Sanguinetti por anticipado.
Porque, según él, con un recambio de ministro no alcanza.
Yo me atrevo a decirle al dirigente, con el mayor respeto, que se equivoca. El cambio de presidente tampoco soluciona nada.
Porque el presidente actual seguirá mandando desde atrás del trono. Incluso sugiriendo ministros «tampones» de su agrupación política. Como el de Defensa…
Aquí sólo queda esperar cinco años para comprobar qué Uruguay no(s) queda.
Mal que les pese a los que ya denuncian a los gritos que votaron equivocados.
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