Alto el fuego

Es el título del libro de Nelson Caula y Alberto Silva, publicado hace 23 años y que marcó el comienzo de una ­por suerte­ vasta serie buscando echar luz sobre las últimas décadas del país. Después de 9 ediciones y 20.000 ejemplares, «Alto el fuego» vuelve a reeditarse y se presenta este lunes en el Salón Azul de la IMM, acompañado de una mesa redonda y un gran acto artístico, esta vez publicado por una editorial española y con un CD que recoge las voces de los protagonistas de aquellas épocas, entre otros Zelmar, Toba, Wilson y Seregni.

Creo que es un hecho que merece una reflexión, por el indudable aporte de estos dos periodistas de raza que transitaron por la radio, prensa escrita y TV, que después siguieron aportando libros interesantísimos y que se siempre se manejaron en forma sacrificadamente independiente. Con todo el esfuerzo y orfandad que eso significa. Nelson y Alberto han sido dos tipos de fierro, siempre comprometidos con los temas más pesados, sin rehuir nunca ningún peligro que su labor implicara, aun en plena dictadura.

Por eso esta reedición es un merecido reconocimiento a una generosa labor en pro de la verdad, de la justicia, de los derechos humanos, de la cultura de nuestro pueblo. Y en ellos esta reflexión también intenta valorar a muchísimos periodistas que en todos estos años se han dedicado al ejercicio de la tarea con la dedicación y el compromiso que la conciencia dicta. Muchos ya no viven. Pero han sido hormigas laboriosas en la lucha contra la dictadura y en la búsqueda de la verdad desde 1985.

Nuestro país tiene sus peculiaridades. Esta es una de ellas. Positiva. Una inclaudicable vocación de dignidad, cueste lo que cueste, demore lo que demore en lograr su objetivo. La búsqueda de la libertad, de nuestra identidad, de nuestra realidad,

ha sido permanente. A través de libros, semanarios, revistas, LA REPUBLICA, «La Diaria» desde hace un tiempo, algunas pocas radios, programas independientes de televisión, TV Ciudad y Canal 5 en los últimos años, documentales y la camada impresionante de muy buenas películas uruguayas, más la canción, el teatro, la literatura, la plástica, las artes todas y todo lo que busca expresar esa lucha por una vida más digna en todo sentido. Y por cierto que ya no son sólo periodistas, son comunicadores, artistas, universitarios, docentes, trabajadores de la cultura. Ciudadanos que han tenido o tienen su radio comunitaria, su semanario barrial o sindical y que a través de ellos buscan juntarse, expresarse, escuchar, conocer, comprender, construir. Este país es bárbaro en eso. Debemos ser el país que más medios de comunicación tiene en relación a la población. Casi seguro.

Pero todo empieza con actitudes como las de Caula, Silva y tantos otros: ir al fondo de las cosas, aunque no se sepa bien qué hay ni con qué riesgos te vas a encontrar en ese camino.

Cuando estamos a punto de poder anular la Ley de Caducidad, cuando está a punto de concretarse un segundo gobierno popular, enhorabuena por todos aquellos que han contribuido a mantener el fuego encendido.

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