EDITORIAL

Ejemplo de coherencia política

Se informó ayer de la incorporación de dos sectores blancos al Frente Amplio. Como si se tratara de un acuerdo previo con el fin de equilibrar las cosas, cada uno de esos sectores se integró formalmente a un grupo frenteamplista con cuadros y militantes de origen nacionalista.

La Banda Blanca del Cerro se incorporó a la lista 738, liderada por el actual vicepresidente de la República; y Columna Progresista lo hace al Espacio 609. Recordemos que Rodolfo Nin Novoa fue intendente de Cerro Largo por dos periodos consecutivos -­siempre por el Partido Nacional­ y en 1994, consecuente con sus ideales wilsonistas, abandonó su querida colectividad para sumar fuerzas en la construcción del Encuentro Progresista.

En el Espacio 609, liderado por el hoy candidato presidencial del Frente Amplio José Mujica, se dieron cita ­ya desde las elecciones anteriores­ unos cuantos dirigentes nacionalistas, como el diputado Rubén Martínez Huelmo y el senador Jorge Saravia, que conformaron la Columna Blanca (rebautizada como Participación Masoller en virtud de la impugnación del Partido Nacional al uso de terminología propia).

Es así que, paulatinamente, elección tras elección, la vieja colectividad de don Manuel Oribe sufre desprendimientos de personalidades o sectores, desencantados o francamente disconformes con la acción y las posturas asumidas por su partido. Después del fenómeno sin precedentes que significó el liderazgo aplastante de Wilson Ferreira Aldunate, una vez muerto el último caudillo el Partido Nacional fue virando, sin prisa pero sin pausa, hacia una mimetización con el coloradismo, cada vez más orientado hacia posturas francamente de derecha.

Los cuadros y sectores más identificados con el wilsonismo fueron procesando lentamente esta derechización y, unos más temprano, otros más tarde, fueron llegando a la misma conclusión: en el Partido Nacional ya no había espacio para posturas progresistas. Al mismo tiempo, advertían que ese nacionalismo popular y progresista que Wilson encarnó (y del cual el Partido Nacional se había despojado) se hallaba mucho más visible y vigente en las definiciones político ideológicas, económicas y sociales del Frente Amplio.

La rica trayectoria americanista, nacionalista y popular que caracterizó al Partido Nacional había sido dejada de lado. La legislación social de Roxlo, el Radicalismo Blanco de Carnelli, el antiimperialismo de Herrera y, desde 1971 hasta su muerte en 1988, el progresismo incuestionable que le imprimió Wilson Ferreira con aquel formidable documento que fue el programa «Nuestro compromiso con usted», todo eso quedó sepultado cuando el doctor Lacalle se convirtió en el jefe del Partido. Auténtico representante de la oligarquía y de los sectores más conservadores, el pensamiento y la acción del doctor Lacalle se ubican exactamente en las antípodas del ideario wilsonista.

Jorge Larrañaga intentó vanamente aparecer como el heredero del wilsonismo, reivindicando ser el centro del espectro político. Pero la inmediata aceptación para integrar la fórmula con Lacalle y ser candidato a vicepresidente implicó adecuarse a la línea programática del triunfador de las internas.

Ante esta realidad, los cuadros y militantes que aún mantenían la expectativa de que el Partido Nacional pudiera retomar las banderas de Wilson no tuvieron otra opción que elegir el camino, doloroso sin duda, de abandonar las filas partidarias e incorporarse a la única fuerza política capaz de impulsar y llevar a la práctica las mejores ideas del wilsonismo.

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