Es imperioso salvar una fuente de trabajo
Pronto se cumplirá un año de la ocupación de Cristalerías del Uruguay por sus obreros. El tema (cierre de una importante fuente de trabajo) ha merecido la atención de organismos del Estado, la solidaridad –reiteradamente demostrada– del barrio, de la Iglesia, de otros sectores sindicales, y de diversas fuerzas sociales. Resulta insólito, sin embargo, que todavía permanezca sin solución.
Como legislador, siento la obligación de plantear a los colegas, trabajadores, etcétera, la necesidad de un diálogo público sobre el problema. ¿Por qué un diálogo público? Porque este es uno de esos temas en los cuales, a mi modo de ver, es imprescindible conocer la posición de los partidos, de los técnicos, de instituciones como la Corporación para el Desarrollo, o el Banco de la República, etcétera. Considero que sólo así –en una exposición serena del punto de vista de cada uno– podrá conocerse quiénes consideran posible la salvación de esta fuente de trabajo (que puede asegurar directamente el empleo de 140 familias y paralelamente incidir positivamente en el futuro laboral de más de 500 familias).
Siento que debo adelantar –a cuenta de mayor cantidad– algunos hechos acerca de los cuales he obtenido información de técnicos y trabajadores. Creo que el diálogo debe establecerse a partir de hechos como los que paso a señalar sintéticamente:
— La fábrica, ¿está o no en condiciones de funcionar de inmediato? La respuesta que he obtenido es positiva: cuenta con maquinaria y tecnología moderna, que le permite un excelente nivel de calidad y competencia.
— ¿Cuál debe ser su relacionamiento con los mercados? Aclarada –como señalamos– su viabilidad (su capacidad para competir), sus productos no sólo tienen mercado potencial en diversos países de América Latina, sino también en Europa y Estados Unidos.
— ¿Qué necesita el Banco de la República para conceder el préstamo que se ha solicitado? Obviamente, garantías. Según información que nos aporta un técnico destacado, el extenso inmueble que ocupa «Cristalerías», en una zona que cuenta con el privilegio de su valoración, podría venderse en un plazo no mayor a dos años, y con el dinero de la venta cancelarse la casi totalidad del préstamo del República. Esta institución (nuestro «Banco País») colaboraría así, sin pérdidas, a la solución de un tema fundamental. Todos los candidatos y partidos sostuvimos –en la elección nacional– que el problema más importante de nuestro Uruguay es crear, mantener y aumentar las fuentes de trabajo.
— Si los inmuebles en los que está instalada la empresa se venden, o lotean, ¿dónde se instalaría la fábrica nueva? Según se ha informado la fábrica se instalaría en zona apropiada de Montevideo, de acuerdo a las normas de urbanismo, lo que revitalizaría, además, el barrio en el cual se estableciera.
— ¿Hay, en los trabajadores, espíritu para continuar un emprendimiento cooperativo, por ejemplo?
Quien haya seguido de cerca la dilatada lucha de los trabajadores (y de los sectores que les han acompañado solidariamente) tienen la respuesta. Ya han demostrado su capacidad excepcional de sacrificio. ¿Alguien puede dudar que, si entre todos –y particularmente desde la opinión pública– salvamos esta fuente de trabajo, el resultado sería extraordinariamente positivo para el ánimo y esfuerzo futuro de los trabajadores y la victoria sería una inyeccción de optimismo para el país? Hay otros temas. Exhortamos –particularmente a los involucrados– a debatir, con la brevedad y altura que descontamos, el tema. Los partidos, legisladores, instituciones involucradas, creo sinceramente debieran opinar. Por el momento cumplo con la tarea de agitador, en la acepción que Francisco Juliao ha dado al término: el deber patriótico de colocar ante la gente un problema fundamental para un debate franco y el encuentro de la solución adecuada.
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