El pensamiento vivo de la derecha
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espués de la paliza que Astori le proporcionara en la campaña electoral de noviembre del 99, el señor de Posadas debió no hablar más de economía, o por lo menos no con esa pedantería que lo caracteriza. Pero no, por esa época declaró que había que vender todo (todo el Estado se entiende, todo, menos la Policía y el Ejército), dicho con ese empaque que lo caracteriza.
Ahora arremete contra el Hospital de Clínicas proponiendo cerrarlo en el caso de que no se contesten «honestamente» sus preguntas acerca de las actividades del mayor centro hospitalario del país. Así de sencillo: al señor de Posadas hay que
La otra cara de la moneda muestra a un encumbrado ex legislador indiferente al presupuesto de la Universidad, cuando no hostil a la enseñanza pública superior. Toda nuestra derecha no ve el momento en que ésta se derrumbe y dé paso a la enseñanza privada donde irán a estudiar los que puedan pagarse sus matrículas.
Como si esto fuera poco agrega que el que paga los platos rotos es el Estado (al que suprimiría si no fuera por la confusión que iba a crear con los anarquistas) y los responsables la FUS (es decir los trabajadores, cuando no para el señor) y el CASMU (será por la única razón de que es un gremio, palabra nada agradable a sus oídos). De la mano del Presidente electo, a quien votó, tiene las manos ensangrentadas por los recortes que haría a los servicios populares, y como él desearía que este país sufriera un cimbronazo que le hiciera crujir hasta los huesos.
¡Tan severo y tan lejos de la gente de bajos y medianos recursos que constituyen el sostén de esta nación, y sin embargo, tan cerca de Braga!
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