Los subterfugios de Pinochet
En el complicado tablero armado a partir de la detención en Londres de Pinochet, hace más de dieciséis meses, cada uno de los movimientos de las partes –la acusación, la defensa– muestra aristas inesperadas del contencioso.
Y significativamente, el cruzado de Occidente contra el flagelo del comunismo, el mesiánico San Jorge que empuñó la espada justiciera contra los dragones del mal del socialismo marxista, el titán heroico que tuvo que enfrentar una siniestra conspiración contra su patria, aparece en cada momento más aferrado a su negativa a ser juzgado.
Nada de tribunales, nada de jueces, parece ser la consigna. La táctica, la estrategia y la ideología del general han quedado reducidas a evitar por todos los medios pasar por un juzgado, soportar una indagatoria judicial.
Y si para eso hay que rebajarse y hacerse el lelo: eso vale. Que el fin (no ir al banquillo) justifica los medios (simular incapacidades)
Realmente «nuestro héroe» no tiene pasta de héroe.
El San Jorge, el salvador de Occidente, el titán no quiere espadas, ni cruzadas, ni nada. Ni siquiera está dispuesto a sostener un «duelo verbal» con sus impugnadores.
Hay una contradicción intrínseca en la argumentación de fondo de Pinochet entre la defensa de su papel histórico como salvaguarda contra el marxismo y su apelación actual a la decrepitud, como forma de evadir un juicio sobre una gesta histórica sobre la que –se supone– debería sentirse orgulloso.
En una nueva instancia de las aludidas, ahora se ha conocido en España la opinión que a los expertos consultados por el juez Baltazar Garzón les ha merecido el dictamen de los médicos ingleses sobre los que se apoyaría eventualmente el ministro del Interior británico, Jack Straw, para ordenar la liberación del ex dictador.
El informe de los médicos españoles fue enviado el día 24 a las autoridades británicas. Aunque contiene algunos elementos que se han mantenido en reserva, lo medular de su sentencia se ha divulgado por la prensa española y deja, como señalábamos antes, la reiterada impresión de la conducta característica de un antihéroe.
Efectivamente, el documento expresa que «En el informe realizado (por los médicos ingleses) no se presentan ni argumentos ni evidencias que demuestren en el procesado alteraciones significativas de su capacidad de coordinación, recuerdo, retención, comprensión y entendimiento. Tampoco se aprecia la presencia de una alteración significativa de su estado de salud.
«(…) de la evidencia extraída de los exámenes se puede deducir que el señor Pinochet presenta un estado tanto físico como mental lo suficientemente normales como para afrontar cualquier situación incómoda como pueda ser la comparecencia en juicio.
Los datos referidos en el informe pueden verse influidos por diferentes factores como estrés, cansancio, desmotivación, intencionalidad. Pero también pueden ser secundarios a su estado físico. Precisamente por ello es imprescindible una valoración más profunda (…) No se puede descartar la existencia de sobresimulación en algún momento de la exploración.
(…) En el estado actual del procesado está presente un nivel suficiente de funcionamiento mental para adaptarse a las exigencias de la vida cotidiana y al desempeño de actividades sociales, relaciones, procesales, dentro de los límites adaptados a la edad.
(…) Proceder a incapacidad mental soterrada, puerta que abre el informe inglés, traería dos tipos de consecuencias que no deben ignorarse: de un lado para el propio senador Pinochet, que podría verse ahora y en un futuro mermado de su libertad al aceptar el subterfugio de una lamentable incapacitación; de otro lado, ayudaría a crear una jurisprudencia de importantes y negativas consecuencias sociales.»
Con palabras del informe, lamentable.
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