Seregni: ayer, hoy, siempre (Segunda parte)
La unidad de nuestro Frente Amplio es tarea de todos los días, es un tarea difícil realizarla. Exige discreción, buen tino, comprensión mutua. Somos una unidad viviente y por eso la unidad se puede perder a cada paso. La unidad nos es un bien precioso e indispensable. Una conquista renovada sin cesar. La unidad implica confianza mutua, implica lealtad mutua.
La nuestra es una unidad crítica, que sabe discernir con claridad todas nuestras insuficiencias, que no las evita, que no las escamotea porque si nos regodeamos con la sola apología de nuestra unidad, poco o nada avanzaremos, poco de bueno brindaremos al país, sino la mera repetición de que somos unidad.
Unidad de diálogo es el Frente, y por ser de diálogo es crítica. Se entiende, compañeros, una crítica leal, una crítica confiada y una crítica que apunte a fortificar el despliegue del Frente Amplio en el pueblo oriental.
Vivimos en tiempo de transición. Y si el Frente Amplio encabeza esa transición, es porque él mismo vive en su intimidad esa transición. No puede ser ajeno a lo que él mismo se propone. El Frente Amplio ha generado una nueva lógica política, pero también está sujeto a las exigencias de esa nueva lógica.
Orientaciones y objetivos inmediatos
En nuestro lenguaje, en el lenguaje del Frente Amplio, progreso efectivo tiene un solo significado: el bienestar del pueblo, la justa distribución de la riqueza, la soberanía en todos los órdenes, la libertad interna, el respeto a todas las ideas, el más genuino desarrollo de las potencialidades humanas.
Nadie va a inventar el camino de Uruguay sino nosotros mismos; y no hay vía uruguaya si no se apela a las tradiciones históricas que nos hicieron dignos.
No hay vía uruguaya si no se postula como Artigas en el Congreso de Tres Cruces, que «los pueblos deben ser libres». Que es cierto, sí, que no hay un solo golpe de energía que no sea marcado por el laurel, siempre que esa energía sirva para mantener en la patria «un gobierno libre, inspirado en la piedad, la justicia, moderación y templanza».
Los objetivos más inmediatos a alcanzar son los siguientes:
1) Defender la soberanía nacional y obtener la independencia económica.
2) Iniciar el proceso de transformaciones estructurales para alcanzar una mayor producción y hacer irreversible el cambio social en beneficio del pueblo uruguayo.
3) Redistribuir el ingreso en favor de los grupos sociales más afectados por la crisis.
4) Hacer efectivo el derecho al trabajo, logrando la máxima ocupación de la población en las actividades productivas.
5) Elevar el bienestar social, resolviendo los angustiosos problemas de la salud, la educación.
La estrategia del Frente Amplio otorga al Estado un papel esencial en el proceso económico, tanto para realizar las reformas estructurales y participar directamente en el proceso de acumulación de capital, como para generar en lo inmediato una intensa reactivación económica. Para ello se impulsarán mecanismos planificadores que determinen las formas y destinos de la inversión y que aseguren la coherencia del conjunto de las medidas.
Ellas tienen como objeto último la realización integral del desarrollo humano. Toman en cuenta, antes que nada, al hombre uruguayo, que es el capital más precioso de que disponemos. Para el logro de estos fines será preciso que paralelamente a la elevación de los niveles de ingreso, a la redistribución en favor de los más desposeídos y a la efectividad del derecho al trabajo, sean resueltos los actuales déficit sociales en materia de salud, vivienda y educación.
Mantener el poder adquisitivo de las capas más sufridas de nuestra población es un derecho, no una concesión gratuita.
La justicia social y la propia marcha de nuestra economía exigen que ello se reconozca.
El principio de la soberanía popular debe ser reafirmado por todo el pueblo uruguayo.
Consúltese al pueblo por soluciones reales.
Consúltese para movilizar al pueblo.
Consúltese para que el pueblo participe.
Consúltese para que el pueblo decida.
No se le consulte en base a un sí o no, como quien juega una moneda a cara o cruz sobre problemas que tocan muy hondo a toda nuestra sociedad; consúltese al pueblo, por el contrario, para que éste discuta con toda la información posible y no, con la que se le entrega con cuentagotas, la necesidad de expropiar las tierras en poder de extranjeros o una ley de coordinación de la enseñanza.
Lo nacional y lo internacional son dos aspectos de una sola política. De ahí que nos basemos en nuestro plan nacional de autodeterminación, de liberación nacional. Este principio de autodeterminación se conquista con la energía de cada pueblo. Esta es nuestra regla fundamental e indiscutible: el principio de autodeterminación de los pueblos. La autodeterminación significa libertad de los pueblos para crear por sí mismos, con su propia fuerza y elección, su propio destino. Cada pueblo dueño de su destino.
Esto nos lleva, en el plano internacional, a dos corolarios necesarios. El primero, es la no intervención. Es un principio defensivo ante las amenazas y presiones extranjeras; es el repudio a las intervenciones extranjeras. El principio de la no intervención debe ser una constante intangible de nuestra política internacional. Pero no basta con proclamarlo, con declararlo; exige, como única garantía, la vigilancia y la militancia popular.
Pero no basta con la no intervención. El otro corolario necesario a la autodeterminación es la activa solidaridad latinoamericana. La autodeterminación exige la ruptura de nuestras formas de dependencia: la económica, la política, la cultural, la científica. Estamos en América Latina y América entera es víctima de la misma dependencia, de los mismos poderes. Nuestra lucha es común con nuestros hermanos latinoamericanos.
Final y principio
Si tenemos la madurez que exigen estos tiempos revolucionarios ¡venceremos!
Si entendemos profundamente el sentido, el valor, la necesidad de la unidad y la cimentamos, ¡venceremos, compañeros!
Si en cada recodo del camino, sabemos, esto es lo que importa, que nuestra misión es histórica y trascendente, y nacional, ¡venceremos, compañeros!
Si somos por fin auténticos, honestos, entregados militantes revolucionarios, ¡venceremos, compañeros!
¡Sí General, venceremos, y en la primera vuelta de las elecciones del 25 de octubre de 2009!
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