Zapicán a Tabaré

Un encuentro de nomenclatura indiana se produce en la 11ª Sección de Lavalleja: el Presidente de la República, por segunda vez, viaja a ese lejano punto del mapa oriental para rendir cuentas de lo que allí prometió, lo que se dice un balance de gestión. Y el Presidente se llama Tabaré y el pueblo Zapicán, como si de las entrañas de la telúrica tierra surgiese la voz del poeta de la Patria Juan Zorrilla de San Martín, susurrando «patria levántate y echa a andar»; el sentido bíblico adquiere materialidad, consistencia ante la responsable acción de los hombres y el mítico nombre de Tabaré se levanta entre las brumas del amanecer, para concretar realizaciones y sobre todo, esperanzas a un pueblo sediento de redención, justicia y obras.

Sí, ayer Villa Soriano; hoy Zapicán, antes Bella Unión, Tranqueras, Cardal, Paso de los Toros; así el mapa de Uruguay se ha ido llenando de puntitos, donde el Presidente rinde cuentas y les dice a los paisanos olvidados «¡ven como se puede, sí se puede!»; y allá lejos, en la lontananza, como le gusta decir a Tabaré, donde aclara el horizonte, se oye el aliento de un anciano que con voz firme le pregunta a su interlocutor: «¿Así que allá ­en la Banda Oriental­ aún me nombran?».

Sí, como siempre afirmamos, con el Frente, Artigas volverá; y ha vuelto, con la frescura de su ideario a ilustrar a los hombres que han tomado los colores de Otorgués entre sus manos y la han colocado en el altar del Uruguay productivo para, sin estrecheces, unir a los orientales en la construcción de un Uruguay hacia adelante, para dentro de 50 años.

Y La Charqueada es eso: creación, concreción, unión de intereses públicos y privados; concreción de una línea de política marítima, hacia el mar y hacia los ríos y puertos, en Paysandú, Salto, Nueva Palmira, Colonia y sobre todo Montevideo, con su extraordinaria reforma portuaria. Pero La Charqueada es una nueva ruta hacia la integración regional, a través del cabotaje. El cálido saludo del presidente de Brasil, Lula, es la demostración de que estamos en el camino correcto.

La cuestión es darle continuidad a cinco años de realizaciones. El 25 de octubre una vez más los uruguayos decidirán en las urnas su destino y el futuro del país. Yo confío en mis compatriotas, y trabajo para que la fórmula Mujica­Astori recoja la llama olímpica que deja Tabaré y la lleve al podio donde flameará la bandera del sol y las nueve franjas, y de algún lado saldrá el murmullo rumoroso de un pueblo que, como los antiguos griegos invocaban al gran Zeus, haciendo eco con cientos de miles de gargantas gritará: «Padre Artigas ¿estás ahí? ¡Guíanos y estaremos seguros de la victoria!».

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