Lo importante es saber acomodar el cuerpo
Una vez más queda demostrado que las teorías económicas se adoptan o rechazan de acuerdo al lugar que cada uno ocupa en la vida del país; incluso, hasta se podría decir que se va mucho más allá porque por momentos ni siquiera depende de eso sino de coyunturas especiales. A qué nos estamos refiriendo? ¿Qué es lo que nos mueve a escribir estas consideraciones?
Muy simple, mientras el presidente de la Cámara de Comercio, dominada por los importadores, continúa bregando y fundamentando por una libertad comercial absoluta sin intromisión del Estado, su achique (de manera que prácticamente no pueda ejercer control ni regulación alguna), no habla una palabra del valor del dólar. Claro está que son todas posturas que favorecen abiertamente a su sector. Por el contrario, la Unión de Exportadores, como el dólar está bajo (hasta un niño de escuela sabe que Uruguay no define el precio del dólar) le pide al Estado que intervenga. Sí, un grupo de privados pide la intervención directa del Estado en el mundo financiero y productivo para mejorar sus relaciones de intercambio.
No deja de ser curioso y poco común, parece que para los exportadores el Estado debe jugar algún tipo de papel regulador y convertirse en defensor de los intereses de algunos empresarios.
También como señalábamos más arriba, depende de los momentos; hace muy pocos años, eran los importadores los que solicitaban al Estado su intervención por el alto valor del dólar. La conclusión es muy simple, el Estado debe existir para ayudarme cuando yo lo necesito. Si importadores y exportadores, si empresarios rurales e industriales también piensan lo mismo, la pregunta es: ¿Por qué los trabajadores no pueden tener la misma pretensión de que el Estado los proteja?
Es cierto que el ser humano no se caracteriza por su coherencia si de intereses económicos se trata pero naturalmente que hemos encontrando una fuerte incongruencia «filosófica» en sectores empresariales ante un mismo tema.
Un ex ministro de Economía hace pocos días, palabras más, palabras menos, expresaba lo mismo al señalar que el peso del Estado es desmesurado y afirmó que el camino de Uruguay es el de las privatizaciones y que las corporaciones (los sindicatos) han tomado espacios políticos de gobernabilidad.
Nuevamente nos encontramos con un planteo de reducir el Estado a su mínima expresión para que no controle; eso sí, cuando ese ministro vivió problemas de bancos vendidos por su gobierno apeló a los dineros del Estado ( de todos nosotros) para salvarlos. Cuando las corporaciones (patronales) exigieron que se acabaran los Consejos de Salarios y se desregularan las leyes laborales, no le pareció un sinsentido ni un disparate ni una desubicación de ciertos empresarios, y les obedeció.
De manera que existe un grupo económico en nuestro país que es el que determina a ciertos políticos cómo se debe gobernar el país, por ello , no puede sorprender que ni blancos ni colorados presenten un programa de gobierno coherente ya que saben que es perder el tiempo porque de llegar al gobierno, estarán al golpe del balde, esperando a ver cómo viene la mano, para ir resolviendo coyunturalmente los problemas de los empresarios y prometer, eso sí, porque en esto han sido coherentes, que «cuando la torta se agrande habrá para todos».
Pero, como nunca se precisó cuál era el tamaño de la torta ni cuánto debía agrandarse, el uruguayo de a pie debió seguir esperando hasta que se cansó y comenzó a emigrar.
Curiosamente, durante este gobierno «falto de autoridad, de ideas, que ha sido un fracaso», según se afirmara el viernes pasado en un mitin herrerista en Carrasco donde se habló, según uno de los oradores, «para ustedes los que tienen auto, pueden tener cerco de rejas y servicios de seguridad y alarma», ha logrado que los uruguayos que viven en el exterior comiencen lentamente a retornar al país.
Los recién llegados en algún momento les pedirán explicaciones no sólo por esos años de ostracismo sino también por negarse a aceptar el voto epistolar.
Compartí tu opinión con toda la comunidad