Una invasión de ocho años
Afganistán puede ser el Vietnam del presidente Barack Obama. La incapacidad de las fuerzas estadounidense y de la OTAN, la corrupción en Kabul y la masacre de la población matizan la fracasada política del ex presidente George W. Bush heredada por Barack Obama, ocho años después en Afganistán. Es hora de parar una guerra inútil.
Luego de su bombardeo, invasión y ocupación, Estados Unidos y la OTAN prosiguen empantanados y sin esperanza alguna de eliminar a la resistencia islámica, supuestos objetivos de su permanencia en esa nación centroasiática.
La venganza ejecutada por la Casa Blanca contra el gobierno de Kabul del mulláh Mohamed Omar se dirigió hacia esa meta bajo el pretexto de cobijar a Osama bin Laden, a quien sindicó por los ataques a Nueva York y Washington, el 11 de setiembre.
Con ese propósito, Washington empleó su más sofisticado arsenal de destrucción masiva para sacar del poder a Omar y Bin Laden, a quienes entrenó y equipó durante las décadas de 1980 y 1990 contra la antigua Unión Soviética, aunque los cohetes y bombas cayeron sobre ciudades, hospitales, mezquitas y poblados civiles el 7 de octubre del 2001 más que sobre los eventuales enemigos. Ese trágico día, unos 50 misiles Tomahawk resultaron disparados desde aviones, buques y submarinos de Estados Unidos y Gran Bretaña contra Kabul, Jalalabad, Kandahar, Herat, Kunduz, Farah y Mazar-e-Sharif.
En este contexto, estadísticas extraoficiales sitúan en unos 10 mil civiles muertos las víctimas de esos indiscriminados bombardeos iniciales contra el territorio afgano de la aviación norteamericana y británica. Ahora esa cantidad sobrepasa los 60 mil.
Idéntica cifra se contabilizó entre los luchadores musulmanes y los talibanes, estudiantes del Corán, entre muertos, heridos y prisioneros, de los cuales más de ocho mil resultaron asesinados durante sus traslados en carros cisternas cerrados a la prisión norteña de Shiberghan, como denunció un informe de la ONU.
Otros 800 prisioneros perecieron en el transcurso de un motín en una cárcel- fortaleza cercana a Mazar-I-Sharif, sofocado por tropas especiales estadounidenses y británicas.
A lo cual se suman los trasladados en vuelos aéreos secretos por varios países europeos, entre ellos España, Polonia, Rep. Checa y Hungría, e internados en prisiones de alta seguridad y tortura como la ocupada en el territorio cubano de Guantánamo.
Los ataques recrudecieron desde enero de 2007, pese al ruidoso despliegue de más de 100 mil efectivos estadounidenses, británicos y canadienses, entre otros de la OTAN.
Desde el 2001 esas tropas expedicionarias contabilizaron 1.445 muertos, de ellos 869 de Estados Unidos. Hasta ahora el año más sangriento es 2009 con 400 muertos.
Esa es la realidad imperante en Afganistán ocho años después de una inmoral invasión de Estados Unidos. Esa es la política que hace ocho años disparó el presidente Bush y que hoy Obama mantiene y continúa. El presidente, a quien le regalaron un Nobel de la Paz, tiene la oportunidad de enmendar los errores de la política belicista de la Casa Blanca, de lo contrario un nuevo Vietnam se le avecina.
Compartí tu opinión con toda la comunidad