Un argumento equivocado y la colcha de retazos
Desde varios ángulos he oído estos días el argumento de que no importaba demasiado si el Frente no ganaba en primera vuelta, porque estando muy próximo lograría la mayoría parlamentaria y en el segundo turno alcanzaría la Presidencia y la vicepresidencia. Había diversas variaciones sobre el tema, pero su esencia era esa. En síntesis, se le quitaba dramatismo a la posibilidad de no ganar en primera vuelta, con el consuelo de que todo se terminaría de arreglar en la segunda.
Estos razonamientos se multiplicaron, con sus variantes, desde el momento en que las encuestas daban al Frente en crecimiento y acercándose a la mayoría absoluta, mientras el Partido Nacional bajaba.
La forma en que desde tiendas frentistas se difundían los resultados de las encuestas contribuía a alimentar dicha concepción, desde el momento en que se resaltaba en titulares que el Frente sobrepasaba a blancos y colorados juntos, e incluso a la suma de los blanquicolorados más los restantes pequeños partidos.
Ya en una nota anterior («Lo que falta para llegar a la meta») advertí que con eso no bastaba, y que en las peculiarísimas condiciones del balotaje uruguayo, que no se reproducen en ningún país del mundo, es necesario alcanzar la mayoría más uno del total de los votos emitidos por cualquier concepto.
Pero veo que esto no está claro para muchos ciudadanos. Por ejemplo, días pasados un lector plantea la hipótesis de que si un partido tiene en primera vuelta más votos que todos los demás partidos juntos más los votos en blanco, ya la segunda vuelta se hace innecesaria; y se le contesta que en esa hipótesis, dicho partido «necesariamente habría obtenido más del cincuenta por ciento del total de sufragios y ganaría en primera vuelta».
No es así. Tener esa suma de votos es necesario, pero no es suficiente, como dije en la nota antes citada. Debe superar a toda esa suma, pero acrecentada además con los votos observados, más los votos anulados, más los votos rechazados. Estos últimos son los votos emitidos por personas que no tenían derecho a votar, por razones diversas; o bien los de personas que votan más de una vez en distintos circuitos, por ejemplo en zonas rurales. Esos votos después habrán de ser anulados. Pero en primera instancia se cuentan, porque todos ellos son votos emitidos, que es lo que reclama el artículo 151 de la Constitución, reformado por blancos y colorados para cerrarle el paso al Frente Amplio. El artículo habla de votantes. Cuentan absolutamente todos los votos para ese escrutinio primario que se hace en la noche de la elección, y ahí es cuando hay que alcanzar el 50% de ese total más uno. Un puñadito de votos, o incluso uno o dos, pueden resultar decisivos en la definición. Tabaré Vázquez fue electo en primera vuelta en 2004 con 50,45% de los votos. Quiere decir que cada voto cuenta.
Pero además, y yendo un poco más al fondo de la cuestión, creo que la tesis apuntada al comienzo es errónea, contraproducente y no toma en cuenta todas las potencialidades del Frente Amplio que está poniendo de relieve esta campaña electoral en su tramo final, particularmente en el interior del país. De paso sea dicho, me parece fantástico que la iniciativa del banderazo (la famosa colcha de retazos) se traslade al interior, o se origine allí de nueva cuenta. Creo que haber conquistado siete intendencias en el Interior es un hecho realmente extraordinario, que cambió radicalmente la realidad política del país y llegó hasta nuestros compatriotas anclados en el Uruguay profundo. En el envión de esta campaña electoral esos resultados se pueden multiplicar, podemos alcanzar nuevas conquistas. El Uruguay está maduro para ese proceso. Hay que jugarse entero a esas posibilidades abiertas por la conciencia despierta de nuestro pueblo. Y eso se traduce en realizar, todos y cada uno, ya que en esto somos todos protagonistas, los esfuerzos máximos para ganar en primera vuelta, y cobrar dos pájaros de un tiro: alcanzar la Presidencia y la vicepresidencia (que es además la presidencia del Senado y de la Asamblea General) y a la vez la mayoría absoluta en ambas Cámaras. Y quizá incluso algo más, porque lo reitero no hay techo para el crecimiento de Frente, en la medida que en estas dos semanas y poco hablemos con todo el mundo, independientemente de a quién haya votado en la elección anterior. En el aire se siente una tendencia general a arrimarse al Frente y darle una segunda oportunidad, para continuar su obra positiva de gobierno, que Tabaré ha puesto de manera magistral al alcance de cada ciudadano.
Hice referencia más arriba a la colcha de retazos, y quiero finalizar con un recuerdo muy querido. Hay que remontarse para ello a la época de fundación del Frente, o antes incluso, al período de su laboriosa gestación, en que desde tiendas adversarias se intentaba descalificar esa inédita experiencia de unidad en la diversidad, que está recorriendo un camino tan proficuo, con dicho mote pretendidamente agraviante. Y le correspondió a Enrique Rodríguez, esa figura entrañable, líder sindical, diputado y senador, dirigente comunista y fundador del Frente, describir la calidez con que las familias pobres, en el interior, se abrigan en las noches crudas del invierno con una colcha de retazos.
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