EDITORIAL

Las iras de la oposición

Un cierto candidato presidencial declaró sentirse «asombrado» e «indignado» por el discurso que el Presidente de la República pronunció en un reciente Consejo de Ministros abierto en la localidad de Zapicán; le pareció que el presidente Vázquez hablaba de otro país, o que desconocía la realidad del Uruguay de hoy.

Luis Alberto Lacalle y Pedro Bordaberry no le fueron en zaga al criticar duramente las palabras presidenciales sobre inseguridad pronunciadas en Zapicán.

Todos fueron contestes en subrayar que en el país no hay seguridad, que se han incrementado los delitos y que el gobierno ha sido inoperante para enfrentar el problema; se hizo especial hincapié en la incapacidad exhibida por el doctor José Díaz y por Daisy Tourné cuando estuvieron al frente del Ministerio del Interior.

Tampoco desperdiciaron la ocasión para hablar de la superpoblación carcelaria a la vez que se rasgaban las vestiduras defendiendo a los medios porque supuestamente Vázquez había acusado a los informativos de promover la sensación de inseguridad.

Ahora bien. ¿Qué dijo el presidente Vázquez en Zapicán? En primer lugar, corresponde señalar que el tema de la seguridad o de la inseguridad insumió buena parte de su discurso, lo que permite negar rotundamente que el tema sea soslayado por el gobierno. Pero Vázquez no sólo habló del tema sino que produjo un prolijo informe, con datos y cifras objetivas, mostrando un panorama que en modo alguno puede calificarse de idílico.

Desde luego que se refirió a la etiología del problema y a las respuestas ineficientes de los gobiernos anteriores, pero reconoció el incremento que han registrado algunos delitos y saludó el hecho que el tema esté en la campaña electoral así como la necesidad de hallar soluciones entre todos.

En ninguna parte de la alocución Vázquez minimizó el problema ni magnificó exageradamente la eficacia de su gestión en el combate al delito.

Pintó una realidad objetiva mostrando las luces y las sombras, pero pareciera ­de acuerdo con la reacción de la oposición­ que está prohibido resaltar los logros de un gobierno, como sin duda lo son los golpes al narcotráfico y al contrabando en gran escala, golpes sin precedentes en el país.

Si pasamos a lo dicho por Tabaré respecto al papel de los medios, basta examinar sus expresiones para advertir que de ellas no se desprende de ninguna manera que el Presidente haya culpado a los medios por la inseguridad.

Lo que sí condenó severamente es el uso de las situaciones de violencia delictiva para exacerbar el lado morboso de la gente o con fines político electorales.

«Es repugnante», sostuvo Vázquez, y entendemos que nadie con un mínimo de honradez intelectual puede negar la inmoralidad que conlleva el uso del dolor ajeno con fines espurios.

Del mismo modo que la inseguridad es un dato innegable de la realidad, también lo es que la crónica policial de los informativos de televisión se detiene morosamente en exhibir charcos de sangre, familiares y amigos de las víctimas llorando, u otras imágenes desgarradoras.

En resumen, pocas veces se ha visto tan desfachatada tergiversación de la realidad; en este caso, de las palabras descontextualizadas del discurso presidencial, haciendo decir al doctor Vázquez lo que no dijo y omitiendo partes sustanciales de la alocución.

Se tiene la impresión de que la realidad y la verdad no son funcionales a los intereses de la derecha, y por eso sus voceros se ven obligados a tergiversarlas.

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