Ni un voto para la derecha

La derecha política, algunos dirigentes empresariales y la derecha mediática intentaron en estos días golpear al PIT-CNT y al movimiento sindical, por mi candidatura y la de otros compañeros. Dicen que demuestra que el movimiento sindical no tiene independencia y que trabaja para el Frente Amplio. Mienten.

El movimiento sindical no trabaja para ningún partido político y creo que cualquiera que mire honestamente estos cinco años de gobierno del Frente Amplio podrá sacar conclusiones.

Pero sí es cierto que muchos dirigentes sindicales somos frenteamplistas y eso no es novedad. El Frente Amplio y antes de su surgimiento los partidos de izquierda, se caracterizaron por promover a obreros y dirigentes sindicales como candidatos. Fue una manera de expresar en los hechos su compromiso con los trabajadores, así como los partidos de la derecha se caracterizaron por tener empresarios y doctores como candidatos, también como una expresión en los hechos de su compromiso histórico con las clases dominantes.

Hay una larga tradición, larga y hermosa, en Uruguay, de dirigentes obreros que fueron parlamentarios impulsados por los partidos de la izquierda, con el Frente Amplio y antes.

La querida compañera Julia Arévalo, dirigente sindical, fue la primera senadora de América Latina, impulsada por el Partido Comunista.

Luego vino una larga lista de dirigentes sindicales, queridos compañeros y compañeras que accedieron al Parlamento en las listas del Frente Amplio. A riesgo de ser injusto por algún olvido, quiero recordar al «Ñato» Enrique Rodríguez, Héctor Rodríguez, Wladimir Turiansky, Gerardo Cuesta, Hugo Cores, Enrique Pastorino, Rosario Pietrarroia, Reinaldo Gargano, Marina Arismendi, Daisy Tourné, Ivonne Passada, Nora Castro, Enrique Pintado, Andrés Toriani, Víctor Rossi, Juan José Bentancour y Jorge Pozzi, entre muchos otros. Hay que recordar que el Frente Amplio llevó como candidato a vicepresidente de la República al presidente de nuestra central única y maestro de todos nosotros, el compañero José Pepe D’Elía.

No es ninguna novedad, entonces. Es una tradición y un objetivo de la izquierda y del Frente Amplio que los trabajadores accedan al Parlamento. Eso molestó siempre a la derecha. Ellos tienen diputados y senadores eternos, ven la política como una carrera personal y cuando impulsan a alguien que venga desde la sociedad, casi siempre vienen de las gremiales empresariales.

La derecha siempre quiso que el Parlamento se mantuviera como un coto cerrado de las clases dominantes; los trabajadores le molestan, la ponen nerviosa.

Acepté ser candidato a diputado por Canelones por la Lista 1001 y el Frente Amplio porque rescato esa tradición hermosa del movimiento sindical y de la izquierda y también porque creo que es una manera más de defender los derechos de los trabajadores.

También porque así como aprendí de la lucha y de los reclamos de los trabajadores en estos largos años de militancia sindical, también aprendí que la unidad con otros sectores de la sociedad, que también trabajan y aportan, es imprescindible.

Desde la política quiero aprender más de las luchas y los sueños de los pequeños productores, de los cooperativistas, de los profesionales, de los jóvenes y las mujeres para seguir construyendo el cambio en nuestro país.

Este gobierno del Frente Amplio ha significado un avance sustancial para los trabajadores y para los humildes: la convocatoria a los Consejos de Salarios, la recuperación salarial, la conquista de que los hijos de los trabajadores no paguen mutualista, la atención a los más pobres; son todas conquistas que merecen ser defendidas.

¿Qué nos ofrece la derecha? Una vuelta al pasado, a la desregulación laboral, a la caída del salario, a la salud como negocio de unos pocos, al sálvese quién pueda como propuesta social.

Por eso hoy, la mejor manera de defender los derechos de los trabajadores es votar al Frente Amplio. Por eso acepté ser candidato, para que ni un voto de los trabajadores vaya a la derecha.

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