¿De qué igualdad nos habla Ana Jerozolimski?

Decía Leszek Kolakowski, que acaba de morir, uno de los más originales pensadores que conoció todo el siglo XX, aunque su desaparición haya pasado entre nosotros totalmente inadvertida, que «la izquierda necesita de la utopía, la derecha del engaño». Podemos discutir si la izquierda necesita de la utopía o si la utopía nos ha alterado lo tópico, pero su observación sobre el pensamiento de la derecha es incontrovertible. Porque los defensores de lo que existe, del status quo, no pueden sino camuflar la realidad, la sórdida realidad de la que se benefician. Por eso, inevitablemente tienen que escamotear la realidad.

Asombra a ojos ingenuos las invocaciones a tanta igualdad entre palestinos e israelíes como las que campean en una nota de Ana Jerozolimski publicada en LA REPUBLICA el sábado 3 de octubre: «israelíes y palestinos deben empezar a moverse», «cada una de las partes puede tener motivos para ‘temer'»; «eso es responsabilidad de ambas partes».

Palestinos e israelíes son equiparados y se los invita a que inicien algo como si se tratara de un partido de tenis.

Esta forma de plantear la cuestión encierra un doble escamoteo a la Kolakowski: se desconoce la raíz histórica del conflicto, se pasa elegantemente por alto que estamos hablando de una población despojada mediante una colonización muy agresiva, la del sionismo, un movimiento político autodefinido «de liberación nacional» que curiosamente se instala en una tierra poblada por árabes musulmanes, cristianos y judíos.

Un movimiento de «liberación nacional» se supone que emancipa la tierra que habita; en el caso del sionismo, serán judíos askenazíes europeos los que van a «liberar» una tierra asiática mediante su colonización. Una colonización de trabajo y armas.

El resultado de esa colonización es el actual Estado de Israel asentado sobre tierras palestinas. Y la persistencia de una serie de manchones territoriales (el llamado «archipiélago») que otros califican «bantustanes», donde malviven empobrecidos, despojados y hambreados palestinos.

Transcribo apenas unas frases de las Conclusiones que la Misión Internacional de Observación de la situación de los derechos humanos en Palestina, realizara a fines de mayo 2009:

«El Estado de Israel practica en los territorios palestinos ocupados una política de hechos consumados, violación de los derechos fundamentales y políticos de la población civil, anexión de tierras y recursos acuíferos, castigos colectivos, aislamiento de poblaciones y restricciones de movimientos de los ciudadanos por medio de los controles militares y el Muro del Apartheid, detenciones, expulsiones, torturas, asesinatos, bombardeos…»

[…] En estos momentos, normalizar la relación entre Israel y Palestina sería como haber querido ‘normalizar’ en el gueto de Varsovia la relación entre nazis y judíos. […] No se puede ‘normalizar’ una situación anormal como si no pasara nada. El diálogo debe darse entre iguales. Pero hay una grave situación de desigualdad.

No pueden ser iguales el opresor y el oprimido, el ocupante y el ocupado, el victimario y la víctima».

Dijimos «doble escamoteo» y la cita de los visitantes, asturianos, ya presentó el segundo aspecto: no hay sólo una cuestión de derechos de autodeterminación contra derechos del ocupante, sino la política de sometimiento que Israel lleva desde hace décadas contra los «natives».

Luego de aquellas invocaciones a tanta igualdad, Jerozolimski empieza a torcer gradualmente el fiel de la balanza, adivine el lector para qué lado: «Netanyahu quería sentarse a dialogar pero la Autoridad Palestina optó por poner condiciones»… estos palestinos siempre con tantos tiquismiquis…

«De negociaciones serias y exitosas, serían los primeros [los palestinos] en ganar un estado independiente». La única pregunta es bien física, territorial: ¿dónde?, ¿con qué?

«El mundo árabe debe dar pasos de acercamiento a Israel».

Con lo cual, de paso, a uno le queda la impresión de que tantas invocaciones simétricas, igualitarias, no eran sino mera táctica para presentar, con buena imagen, sus puntos de vista.

Está claro que Ana Jerozolimski considera que Israel no tiene responsabilidad alguna en la tragedia que en esa tierra se juega, pero me permitiría derivarle la pregunta que un judío que sí considera que Israel tiene mucho que ver con ello, plantea:

«¿Cómo es que los judíos, que tanto sufrieron durante la guerra, lograron participar en un crimen racista colosal contra los palestinos (la Nakba de 1948) tan sólo tres años después de la liberación de Auschwitz?» La formula Gilad Atzmon, en una nota, imperdible «La patología del mal».

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