Dentro de 18 días las uruguayas y los uruguayos definiremos mucho más que el próximo presidente. Formalmente elegiremos al próximo presidente y vicepresidente, a la composición de la Cámara de Senadores y de la Cámara de Diputados y también, pese al silencio que intenta hacer que lo olvidemos, nos pronunciaremos por la anulación o vigencia de la Ley de Caducidad y decidiremos si todos los uruguayos podemos ejercer nuestro derecho a voto, vivamos donde vivamos. Las encuestas, el clima que se vive en la calle, la actitud de los candidatos y de los partidos, plantean algunas certezas y algunas incógnitas. Un primer elemento de certeza es que según todas las señales, las formales y las del instinto, la aprobación a la gestión del gobierno de Tabaré Vázquez es muy grande en todo el territorio nacional.
No es menor esta constatación. Es la primera vez en la historia del Uruguay que hay un gobierno de izquierda, diferente al de colorados y blancos que nos gobernaron durante los 175 años de vida independiente, descontando los lapsos dictatoriales, que dicho sea de paso, siempre contaron con la complicidad de al menos una fracción de uno de los partidos tradicionales y en el último caso, de los dos.
El gobierno del Frente Amplio, encabezado por Tabaré Vázquez, a pesar de los augurios catastróficos de la derecha, política, empresarial y mediática, demostró que podía gobernar, que podía impulsar al país a salir de una de las peores crisis de su historia. Demostró además que se podía salir dando prioridad a los más vulnerables, a los más golpeados. Demostró que podía generar el crecimiento y que se podía influir, desde el Estado y la política, para que ese crecimiento se repartiera más justamente y no se concentrara en unos pocos, como siempre ocurrió antes.
Demostró que también podía enfrentar la peor crisis financiera y económica mundial desde 1929 y Uruguay fue de los pocos países de América Latina que no entró en recesión, manteniendo además bajo el desempleo, creciendo el salario y alta la inversión.
El gobierno del Frente Amplio, encabezado por Tabaré Vázquez, es un factor de peso, de mucho peso, para la decisión a adoptar dentro de 18 días. Un segundo elemento es que eso se traduce claramente en el nivel de respaldo que tiene el Frente Amplio y la fórmula José Mujica-Danilo Astori, que es claramente y por lejos la que cuenta con mayor respaldo popular. Cuando los politólogos, analistas y operadores políticos dicen que la definición será pareja, dicen una verdad y a la vez no toda la verdad. El FA tiene entre 13 y 14 puntos de diferencia sobre la segunda fuerza política, eso de parejo no tiene nada.
Es toda la oposición junta, desde la derecha con el Partido Nacional y el Partido Colorado; pasando por el Partido Independiente, hasta la expresión ampliamente minoritaria de una izquierda desencantada; es todo eso sumado lo que puede llegar a competir contra el FA solito.
Después de cuatro años y medio de gobierno, no está en discusión que el FA es la principal fuerza política y la claramente mayoritaria; lo único que está en discusión es si, aprovechando una de las legislaciones electorales más restrictivas del mundo, todo el resto de las fuerzas políticas le pueden impedir una victoria en primera vuelta.
Esa es la incógnita real que está planteada en estos 18 días.
Si la izquierda logra ratificar en las urnas y en primera vuelta, la muy buena gestión de gobierno, la propuesta de profundización de los cambios expresada en su programa y en la fórmula Mujica-Astori; o si la derecha logra, no ganar, porque eso es absolutamente imposible, sino impedir, que el FA gane en octubre.
El lunes después de las internas, en este mismo espacio editorial se escribía, la verdadera disyuntiva es entre la profundización del cambio o la restauración neoliberal, la oposición real es entre Mujica-Astori y Lacalle-Bordaberry. Allí entra a jugar el tercer factor que es la gente.
El FA se ha movilizado en todo el país, detrás del esfuerzo enorme de la fórmula presidencial, a través de la orgánica frenteamplista y también, con nuevas y exitosas formas de convocatoria.
La gente siente que tiene que defender las conquistas de este gobierno, quiere más y está peleando para ganar.
Esa es una convocatoria a toda luz más atractiva, que la que realizan blancos y colorados, desde la defensa de privilegios que sienten vulnerados; otros desde la indefinición y otros más desde la miopía voluntaria y el resentimiento. Ese factor puede resultar decisivo en estos días que faltan, contagiando, entusiasmando, convenciendo.
Quedan 18 días, cambio o restauración, he ahí la cuestión.
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