Servicio público y negocios
En la recta final de campañas electorales en Chile y Uruguay, parece no menor reflexionar sobre un incidente ocurrido hace escasos días vinculado a un informe que entregara la organización no gubernamental de carácter global Transparencia Internacional. La sola mención que en su balance anual sobre gobernabilidad, transparencia y calidad democrática hace en relación a Chile destaca la compra de acciones del connotado y multimillonario empresario Sebastián Piñera, quien aspira a conducir los destinos políticos de la nación trasandina durante los próximos cuatro años.
Es un hecho de la realidad que el actual candidato emparentado con el pinochetismo y ministros, como el actual presidente del Senado, Jovino Novoa, subsecretarios y cuadros que en medio del mayor anonimato continúan atornillados en el actual estado por las leyes del «amarre» , legadas junto a la constitución antidemocrática por el dictador y su séquito no se abstuvo de comprar acciones que favorecían sus suculentos negocios y que tienen relación con una conocida línea de navegación aérea.
Hizo de acuerdo al informe uso de información privilegiada, pagó una multa por este hecho y sus segundos en campaña han disparado con munición gruesa sobre la verosimilitud del mismo, desmintiendo descaradamente al senador Eduardo Frei Ruiz Tagle, abanderado y candidato de la coalición gobernante, quien en un debate televisivo junto a los otros aspirantes a La Moneda le puso en sus narices al derechista empresario la buena nueva de una organización que hasta ese entonces era para todo el espectro político irreprochable en su conducta y credibilidad.
Hete aquí que dos connotados pinochetistas del directorio de la sección chilena Transparencia Internacional, el Sr. Cristian Larroulet y la Sra. Patricia Matte, funcionaria asalariada del ex dictador, dispararon contra el informante chileno, quien estableció con meridiana claridad los hechos que constatan una realidad y que generaron la mayor calumnia de la prensa derechista contra una organización, su prestigio y funcionarios.
Este golpe blando de los medios de comunicación que controlan Chile y del comando de campaña presidencial del aspirante derechista a La Moneda, generó la muy lamentable renuncia del abogado Jorge Navarrete, ex director de Transparencia Internacional en Chile, quien cuestionó pública y severamente a Piñera y a sus adláteres empoderados de la lógica de comprar conciencias y medios, informes y encuestas so pretexto de hacerse con el poder político de una nación decente y próspera.
Millones de ciudadanos latinoamericanos de a pie observamos el triste papel de estos títeres del imperialismo y las trasnacionales, de la manifiesta intención de continuar saqueando al hombre y mujer que viven de su trabajo y que sueñan con un mundo más justo y democrático.
Chile no es un botín de guerra. Es una tierra de labranza, de sudor y esfuerzo, de poetas y mujeres bellas, de emprendedores y valientes, de temporeras y campesinos, de mapuches ancestrales, de jóvenes de extracción proletaria, hijos de padres obreros, que acceden por primera vez a la Universidad , de una presidenta, «alma mater» de una nueva conciencia ciudadana donde las personas son el centro de cualquier decisión.
Los chilenos, los uruguayos, los demócratas de toda América Latina, no queremos volver al brutal e ignominioso pasado de dictaduras militares emparentadas con los dueños del poder económico.
Por ello repudiamos a los Micheletti y a sus aliados imperiales en Honduras.
Entendemos y asumimos que mucho hemos logrado en estos 20 años de democracia junto a los presidentes Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet y que «ad portas» del bicentenario del nacimiento como nación independiente merecemos un gobierno que prosiga la obra de la coalición política más exitosa en toda la historia de Chile.
Cerca de una nueva conmemoración del 5 de octubre, fecha en que se venció a la dictadura en un plebiscito, como en 1988 le decimos No a la violencia, No a la miseria, No al poder del dinero y al fraude.
Finalmente, parece buena cosa recordar a aquel ciudadano presidente de la nación argentina, el radical Arturo Illia, quien fue desalojado de la Casa Rosada por Onganía y los golpistas durante 1966 y que volvió obligadamente al seno familiar y a su vida privada sin culminar el mandato constitucional, en medio de la mayor austeridad y una franciscana pobreza.
El gobierno austero y probo, el desapego al poder económico y a las tentaciones del mando, la transparencia y la incompatibilidad entre los negocios y la política son aspectos que en la actual aldea global no pueden de manera alguna pasar desapercibidos para nadie.
No basta con parecer magistrado o presidente de una nación, hay que serlo y asumirlo, por encima de cualquier condición filosófica o política.
Ejemplos como los de Illia nos reconfortan, en particular en tiempos de campaña electoral, en los cuales el ciudadano de a pie, quizá menos ideologizado que durante los años 60, busca a un candidato o candidata que interprete más y mejor sus angustias, sus anhelos y desvelos y que actúe en la perspectiva del gobierno con el criterio de un buen padre o madre de familia.
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