¡Todos con Vázquez!
Lo elogian los ciudadanos, pero eso tiene un porqué liso y llano.
Sin retorcimientos ni ardides menores.
Pero ellos también lo elogian.
Lo elogia Lacalle, lo elogia Larrañaga, lo elogia Bordaberry.
No siempre fue así.
Gruesos misiles y artillería pesada se lanzaron en 1994, 1999 y 2004 contra el Dr. Tabaré Vázquez.
Demagogo, populista, ignorante, irresponsable por rememorar lo menos fueron algunos de los calificativos que, un día sí y otro también, la conducción tradicional le disparaba mientras lo visualizaba como su contendiente ante elecciones que se avecinaban.
El mecanismo es conocido y visto con perspectiva bastante burdo.
Ya había acontecido con Seregni.
Traidor, idiota, totalitario, «rucucu», extremista, burro, agente soviético, enemigo de la orientalidad… hasta que la emergencia del liderazgo de Vázquez obligó a convertirlo en patriota, lúcido, perspicaz, responsable, estadista.
Hoy le toca el encomio a Vázquez y la befa a Mujica.
Es muy claro.
Van a perder igual.
No se puede tapar el sol con la mano.
¿Qué harán con tanto elogio y reconocimiento en 2014 si Vázquez decide volver a postularse?
La desesperación es mala consejera.
Ganada por un torpe inmediatismo la dirigencia tradicional pega sus manotazos de ahogado… y -¡claro!- se ahoga: consolida grandemente las chances del advenimiento de una verdadera «era progresista».
Como dijo el «Piñe» en «Bendita TV» los políticos uruguayos deberían ser cada día más conscientes de cuán creciente es la letalidad de los archivos.
Mientras tanto… ¡Dios ciega a quien quiere perder!
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