EDITORIAL

El socialismo chino tiene qué festejar

La nueva China socialista cumplió 60 años con un futuro prometedor. Los logros de las últimas seis décadas en varios campos sentaron las bases para un rápido desarrollo socioeconómico, que continuará en forma acelerada en los próximos años.

El país más poblado del mundo y con 56 etnias, se convirtió en una nación con creciente influencia en la economía mundial y por ende en la arena internacional. Todo a partir de un pasado colonial y feudal, y gracias a la revolución de Mao.

Algunas estadísticas ilustran los avances. Su producto interno bruto creció más del 10 por ciento anualmente en las dos últimas décadas, con lo que el gigante asiático clasifica como una de las locomotoras de la economía mundial.

Mientras, la participación en el comercio internacional pasó de menos del uno por ciento en 1978 a cerca del ocho en la actualidad. El «Made in China» es popular en todas partes.

En el campo financiero, vale recordar que sus reservas de divisas convertibles son las más elevadas del orbe, en tanto es el mayor acreedor de Estados Unidos.

Todos esos logros se reflejan en indicadores como la lucha contra la pobreza y la reducción de las diferencias entre el campo y la ciudad, en correspondencia con el principio de construir una sociedad estable, armoniosa y moderadamente próspera, apoyada en la ideología de un socialismo con características chinas.

De 1985 a 2008 la cifra de pobres en las regiones habitadas por minorías étnicas disminuyó de 40 millones a 7,7 millones.

Los éxitos económicos están asociados a otros sectores. Uno de los exponentes del desarrollo científico de este país es su programa espacial.

El primer satélite, el Dongfanghong I, lo lanzó el 24 de abril de 1970. Desde entonces, las noticias en este campo son frecuentes: primer astronauta chino en octubre de 2003, luego otras naves tripuladas, caminata espacial el año pasado y ya se mira a la Luna, para 2025.

Los avances se realizaron sin abandonar el gran empeño de la reunificación pacífica de la patria, que tiene como resultados concretos la recuperación de la soberanía sobre los territorios de Hong Kong (julio de 1997) y Macao (diciembre de 1999), bajo el principio de un país, dos sistemas.

Estos progresos socioeconómicos y diplomáticos avalan el reconocimiento de China como una parte con gran influencia en los principales temas de la agenda internacional, en la que destacan sus posiciones solidarias con las naciones pobres, con las cuales defiende aspiraciones comunes en el Grupo de los 77, entre otros foros.

 

Los vínculos de China con el mundo subdesarrollado incluyen no sólo negocios de comercio e inversiones, sino también gestos como la cancelación de los débitos a los países pobres altamente endeudados.

Por estas razones, quizá muchos se sumen a las celebraciones con los más de 1.300 millones de chinos que de una forma u otra son los protagonistas de estos éxitos como base de un futuro prometedor. «El socialismo es bueno», señalaban los carteles que llevaban los niños chinos en la parada militar en la plaza de Tiananmen.

China continuará trabajando con todos los pueblos para impulsar la noble causa de la paz y el desarrollo y construir un mundo armonioso y de prosperidad común. Como recordó el presidente Hu Jintao, «el desarrollo y progreso del país ha demostrado totalmente que sólo el socialismo puede salvar a China y sólo la apertura puede asegurar el desarrollo nacional, el socialismo y el marxismo».

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