El poncho mostró la hilacha…

En los sucesivos reportajes realizados, por separado, a la fórmula blanca por Sonia Breccia en el canal oficial, muchos notamos la falta de respeto de estos por la labor periodística, evadiendo, sistemáticamente las preguntas concretas, divagando por los tópicos de su preferencia. Así pues, por más que Sonia recalcara la necesidad de discutir propuestas y no gestiones pasadas, los candidatos se explayaron a sus anchas desvirtuando la naturaleza de la entrevista. Comportándose con la soberbia de un Narváez con su pupilo Rial.

Por esto, no pudimos tener respuesta a una cuestión evidente: Si piensan ganar en la segunda vuelta, seguro que no han de tener mayoría en el Parlamento, en el cual el FA tendría la mayoría absoluta. Entonces la pregunta obvia era: ¿Cómo piensan derogar, o modificar hasta neutralizar los efectos, de las leyes votadas por este gobierno? ¿Cómo derogar el IRP, el impuesto a las pasividades altas, la ley de ordenamiento territorial, las modificaciones a la ley forestal, entre otras, tal como lo plantean en sus enunciados programáticos y en cada discurso de barricada que se mandan? Y lo que es peor, ¿cómo piensan pacíficamente desmantelar ALUR, conocida su política industrial y el antecedente de El Espinillar?, ¿qué les espera a los emprendedores de Bella Unión?

Pero los jóvenes, son idealistas, no tienen bozales, por lo tanto el encuentro del Cuqui con los estudiantes de la ORT, no pudo ser condicionado a las conveniencias del entrevistado. Así pues, un avieso estudiante recordó al candidato su posición respecto a Franco, que éste neutralizó hábilmente con su actitud frente a Fidel, a las cuales calificó de «pavadas de su juventud». Estamos de acuerdo, la biología nos dice que cada 208 días se renuevan todas las células de nuestro organismo, por lo que somos otro cada año, sólo la lenta renovación neuronal salva nuestra personalidad, cambiamos nosotros como receptores y cambia el entorno, hasta aquí, todo bien.

Pero, cuando un no programado periodista hizo la pregunta de orden: ¿sin mayorías parlamentarias, gobernará usted por decreto, como lo hará? La respuesta no pudo obviarse, fue que «no habría más remedio».

Y allí todos los orientales, gracias a la salud mental adolescente, nos sacamos la gran duda: la única forma de cumplir con lo prometido por parte de la fórmula Lacalle-Larrañaga es el retorno al autoritarismo de los años sesenta, cuando el Partido Colorado perdió sus mayorías parlamentarias y hubo de gobernar bajo régimen de excepción cuatro de los cinco años. Prorrogándose este sistema luego de las fuleras elecciones del 71, cuando entre el wilsonismo y el FA, más muchos legisladores colorados con sensibilidad y vergüenza, dejaron sin mayoría parlamentaria al gobierno de Bordaberry. Así pues, no hubo otra alternativa que la excepcionalidad, el apelar al salvador de dictaduras, el artículo 168 previsto para el caso, por quienes se la veían venir desde la década de los sesenta, es decir la pérdida del favor popular para llevar al país por la senda del achique permanente. Esto no solo trajo la dictadura, por el desprestigio de un Parlamento convertido en menos que «el muro de los lamentos» para el pueblo oriental. «Nadie salió a despedirme, cuando me fui de la estancia», decía el poeta Larralde, esto le pasó al Parlamento uruguayo, ni «un perro», salió a defender a Bordaberry y su «estado de derecho» cuando los militares asaltaron el gobierno. Es que ya no estaba allí la representación nacional, el pueblo ya no contaba con ellos, muchos confundidos, creyeron en los enunciados de los militares febreristas y se quedaron como «soldados tranquilos», en actitud expectante, frente a los que luego fueron sus más crueles verdugos.

Entonces habida cuenta de que no tendrán mayorías parlamentarias, de que tienen el firme propósito de desandar lo andado en estos cinco años, de que «no tienen más remedio» que gobernar por decreto, entonces, ¿qué nos espera?

Congruente con esta propuesta irresponsable, y hasta criminal, está el discurso de no recordar nada. Están seguros de que somos el único bicho del planeta que tropieza dos veces con la misma piedra. Postulan el embrutecimiento colectivo que nos convierte en majada. Colectivo amorfo inconsciente, que puede ser arreado, generación tras generación, por los mismos perros y los mismos jinetes ululando, de un lado y del otro, para que todos entremos ordenaditos por el brete, para esquilarnos mansos, o peor aún, rumbo al matadero.

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