Proyecto de promoción cultural a las apuradas

Según información recogida por «Búsqueda», el Poder Ejecutivo enviará al Parlamento un proyecto de Ley de Promoción de la Cultura Nacional en Cine, Radio y Televisión redactado en el Ministerio de Educación y Cultura, confiando que el mismo sea aprobado por la actual legislatura.

En aras del objetivo enunciado en su denominación, el proyecto establece, en esencia, que el 50% de la televisión abierta estará dedicado a la producción nacional, un mínimo de la programación radial será para la música latinoamericana y nacional, y un número de cortos y largometrajes de producción nacional será exhibido en los cines.

El Parlamento designará a los tres integrantes de un Consejo de Mediación Cultural, uno por cada medio, «que actuará cuando entienda que no se está dando lugar a distintas expresiones culturales o cuando quiera promover una manifestación interesante….» (Declaraciones de la ministra María Simon de acuerdo a la misma fuente).

Mas allá del impacto que pudiera tener en la práctica (la televisión abierta, según sus voceros, dedica actualmente a la producción nacional un porcentaje de tiempo que no estaría muy por debajo del mínimo propuesto) y a riesgo de que se tilden de apresurados mis comentarios habida cuenta de que aún no se conoce el articulado, lo que importa ­y me preocupa­ es la idea central que caracteriza la propuesta.

Lo que hay de valioso en nuestra cultura, se abrirá paso y encontrará su lugar, tanto a nivel nacional como internacional, sin controles, supervisiones o proteccionismos.

La realidad es que, por un lado, los medios, preocupados por el rating o la taquilla, se empeñan en especial a divertir o, más genéricamente, a entretener.

No me gusta que sea así, aunque si lo hacen debe ser porque la preferencia de la gente va en este sentido. De todos modos, están en libertad de hacerlo.

Por otro lado, el individuo, espectador, televidente u oyente, tiene la misma libertad para resolver qué es lo que va a ver u oír (¡y vaya si hace pleno uso de ello gracias a ese instrumento del zaping que se llama «control remoto»!). Confiemos en su criterio, y aún si no se confiara, ¿quién puede sustituirlo y decidir en su lugar? La cultura ­ese concepto tan proteico­ florece en un clima de libertad sin necesidad de proteccionismos.

Es esta libertad la que por su propia dinámica genera un proceso de madurez y decantación. Libertad para el creador, libertad para el vehículo trasmisor y libertad para el individuo.

Por citar un solo caso, tomemos el ejemplo del tango, creación de los dos países rioplatenses. El tango cruzó fronteras, sobrevivió en el tiempo, y hoy, fresco y vital, campea por el planeta de una manera que ni el más osado de sus autores e intérpretes se hubiera imaginado en sus sueños. Por supuesto que nos referimos al buen tango, que encontró en la globalización la caja de resonancia que hiciera justicia a sus propios méritos.

Eso no quiere decir que el Estado no pueda promover la cultura nacional, especialmente fuera de fronteras, aunque ni la identificación de los productos culturales nacionales que se beneficien de la promoción, ni las vías o mecanismos a través de los cuales habrá de implementarse la misma, o sea cómo hacerla, son tareas sencillas.

El proyecto, de acuerdo a lo que se conoce, determina que los medios, sujetos al escrutinio del Consejo de Mediación Cultural designado por el Parlamento, deberán asignar un porcentaje mínimo del tiempo de su programación a la producción cultural con la sola exigencia de la partida de nacimiento de los productos incluidos, independientemente de cualquier otra consideración.

Esta concepción trasunta un nacionalismo exagerado y un riesgo de politización, los cuales, uno y otro, son ­a mi modo de ver­ obstáculos para el desarrollo cultural.

El proyecto involucra aspectos tan complejos como la determinación de la escala de valores de nuestra sociedad, los límites al poder del Estado y el rol de la cultura en democracia.

Son temas demasiado importantes como para que el proyecto sea aprobado a las apuradas por la actual legislatura.

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