EDITORIAL

Estrategia de silencio para mantener la impunidad

Esta campaña electoral se ha caracterizado, aparentemente, por la estridencia. El tono enconado, tres o cuatro actos por día, titulares de prensa, horas de radio, libros polémicos.

Más allá de los previsibles llamados a la calma y las exhortaciones a debatir propuestas, nada nuevo bajo el sol, más o menos como siempre.

 

Sin embargo, esta constatación siendo cierta es sólo una parte de la realidad, porque esta campaña también tiene un componente de silencio, de silencio culposo, hasta vergonzante.

Nos referimos al clamoroso silencio de la derecha política y mediática sobre los dos plebiscitos que se votarán dentro de 25 días: el de la anulación de la Ley de Caducidad y el referente a la instrumentación del voto epistolar. Hoy vamos a concentrarnos en el primero, pero los argumentos, con sus obvias diferencias, son en esencia válidos para los dos.

 

En defensa de la Ley de Impunidad se han esgrimido tímidos y muy débiles argumentos, tan débiles que, convencidos de su futilidad, pasaron a otra estrategia, decretaron su inexistencia.

El tema se borró del discurso de los candidatos de derecha y de la agenda mediática.

No es una estrategia nueva, con variantes mínimas se aplicó desde la recuperación de la democracia a la fecha.

 

La estrategia de la derecha fue y es agitar fantasmas, hablar de los demonios enfrentados, apelar al miedo y luego, cuando no les funciona lo suficiente, apelaron y apelan al silencio.

En este sentido fueron paradigmáticas dos actitudes de Julio María Sanguinetti, uno de los principales voceros de la impunidad. Sanguinetti afirmó, convenientemente amplificado: «En Uruguay no hay niños desaparecidos»; después para que la realidad y la verdad no importaran, presionó y logró que los canales de televisión prohibieran un spot pago en el que Sara Méndez le recordaba a Simón, a Mariana y le demostraba que sencillamente estaba mintiendo.

La situación ahora es similar. No pueden decir que las cosas no ocurrieron, ya tampoco les resulta tan redituable la estrategia del miedo. El gobierno de Tabaré Vázquez y el Frente Amplio entró a los cuarteles, excavó, encontró restos, habilitó la acción de la Justicia, varios de los principales represores están presos y la normalidad democrática no fue afectada.

 

Por eso, pasaron a la estrategia del silencio. Decretaron que el plebiscito para anular la Ley de Impunidad no existe.

Lo hicieron desde la propia campaña de firmas para habilitar este plebiscito. Se juntaron más de 300 mil firmas, decenas de miles de uruguayas y uruguayos durante meses se movilizaron, pero no fueron noticia hasta que mágicamente las firmas aparecieron.

La estrategia de silencio en esta oportunidad tiene además una ventaja adicional: en el plebiscito no existe el voto por el NO, sólo se votará por SI; todos aquellos que por desconocimiento u olvido no voten, de hecho se estarán pronunciando por NO y ayudando a mantener vigente la ley.

 

A 25 días es imprescindible romper el cerco de silencio.

No sólo por la justicia de anular esa ley que es una vergüenza para Uruguay, también porque se está violentando groseramente un derecho elemental de los ciudadanos: estar debidamente informados sobre lo que tienen que decidir.

El 25 de octubre se decide si una ley nacida del chantaje, la mentira y el miedo sigue vigente o no. Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a saberlo, para optar en libertad. Romper el cerco de silencio sobre la impunidad es entonces una tarea eminentemente democrática.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje