El voto a Mujica

Lo digo con el mayor respeto dejando a un lado las obvias razones partidistas. La elección nacional es el mayor acontecimiento mediático político. En él, va la vida del próximo gobierno y el porvenir o futuro del país durante cinco años con las derivaciones y responsabilidades posteriores que sus actos deriven. O sea, el criterio de elección no es el mismo a usarse cuando se elija la directiva del club de bochas o por simpatías o afinidades populistas más sentimentales que racionales. Es demasiado lo que se juega. Más allá de las narices hay que tener en cuenta conocimientos, cultura mínima de cada presidenciable, experiencia, saber del manejo internacional de la política exterior y sus intereses de poder económico, donde no existen las «amistades o hermandades» (ej. de los «hermanitos» argentinos que tanto nos «aman» y nos quieren matar con Botnia), ni parentescos «tontos» y sólo priman los intereses egoístas de cada cual. Pero, además de una gran cantidad de «ítems» hay que pulsear el respeto, la dignidad y seriedad con que se encarará la compleja misión de Presidente de la República, incluyendo la gente que lo rodea. Es muy gracioso el léxico del Sr. Mujica. Más propio del mentado club de bochas o de fútbol de la división B que de un primer mandatario que entre otros eventos, deberá dialogar con dignatarios extranjeros, organismos internacionales (exponer en la ONU, en la OEA o Banco Mundial, por ejemplo) en donde se manejan intereses que serán el futuro de nuestros hijos y de la Patria misma. En buen romance, del Presidente dependen los servicios, seguridad, justicia, etc. Un presidente debe manejar los valores tanto materiales como espirituales de la Nación como son los sociales, laborales e industriales con conocimiento y respeto a la historia y sus tradiciones que hicieron el país. Es impensable que un presidente no crea en la Justicia o Poder Judicial de la patria. Si no lo hubiese o fuese a «su gusto y paladar» estaríamos ante una anarquía total y caótica. La Justicia no representa el «revanchismo», sino los derechos y obligaciones justos con los que funciona una sociedad. Si no la hubiese como la interpreta el «Pepe», volveríamos a las épocas tribales de Zapicán y Abayubá que la de un Estado del siglo XXI. Llama la atención la negativa pertinaz a negarse a dialogar con los demás candidatos sobre ideas y programas. No quiero pensar que es por temor a la «pifia» producto de la ignorancia. Se desconocen a ciencia cierta cuáles son las ideas propias del Sr. Mujica, salvo las que plagia a la oposición blanca, como la creación de la guardia nacional, o la de las escuelas de tiempo completo, que son ideas planteadas por Larrañaga y posteriormente por Bordaberry. Largó un bolazo sobre tenencia de la tierra y su propiedad, que volvería al Estado y los actuales dueños deberán arrendarlas. Solución original en nuestro medio justamente por tener un fuerte «tufo» a marxismo de principios de siglo XX. Causó pánico en el Interior, donde tendrán que calibrar estas resoluciones de ganar el Sr. Mujica. Según lo expresado piensa dejar las soluciones económicas en manos del presunto vice Astori. Pregunto: ¿Está seguro Danilo que será así? ¿No le terminará con un «corte de brazo y ta? Pero en sus planteos los hay «mejores» y «pintorescas ocurrencias». Cuando se tenga que entrevistar con gente en inglés, iría Astori. Y si lo es con gente castellana va el Pepe. O sea, cuando se entreviste el Uruguay con Obama, Zapatero, la reina Elizabeth, por citar algunos, va el contador, y cuando les toque Jamaica, Ecuador o Puerto Rico, va Mujica. ¡Espléndido! En la jerga tanguera, eso se llamaría «fiolar». La última sobre el tema internacional que se me ocurre, es que debería cambiar de léxico. El Presidente es la representación viva de la cultura nacional. No puede tratar, incluyendo al «matrimonio» porteño, a otros primeros mandatarios de América y del mundo, de «manga de pelotudos, jodedores, carajos varios y demás etcéteras». Si insiste en maltratar el idioma, no es aventurado predecir terminar en futuras guerras. Y respecto a las relaciones internas, es hora de terminar con los agravios, que obliga al expresarlos, que venga la «recíproca» obligada. Nadie que se precie, se queda con cargos infundados y jamás probados. Cuando se le pregunta si mató a alguien y niega, lo que estaría bien, no puede, es de sentido común, responder: «Porque le erré». Esta respuesta implica una intencionalidad que de no haber tenido mala puntería, sí habría matado con conciencia y voluntad a otro ser humano. Admito que responde con lealtad, pero no tiene derecho a culpar a contrarios de otras culpas que la Justicia jamás pudo probar. Se puede quedar con heridas incurables entre hermanos orientales. Está en juego la vida del paisito para algunos y de la Nación uruguaya para otros. ¡Que se vote con conciencia! ¡Yo, no lo puedo votar nunca!

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