Para decidir votos de indecisos
Todos sabemos que el balotaje se introdujo en la legislación electoral por la puerta del fondo, cuando los representantes del poder oligárquico, que juegan con camisetas de diferente color como titulares y suplentes de un mismo cuadro que son, olfatearon ciertamente que se había acabado la estupidez en el pueblo y que estaban cerca de perder sus privilegios defendidos y aumentados desde el gobierno. O sea que, cuando se dieron cuenta de que el FA tendría seguramente más votos que cualquiera de los otros dos partidos separados o juntos, introdujeron el mecanismo tramposo del balotaje.
Fíjense con cuidado que, para ganar en primera vuelta, el partido con más votos (léase el FA) debe obtener el 50% más un voto del total de votos válidos (incluidos en dicho total los votos en blanco y anulados). De manera que en ese primer cómputo se consideran, de un lado, los votos del partido con mayor votación, y del otro lado todos los demás (de los otros partidos más en blanco y nulos). O sea que no alcanza con tener mayoría simple de votos con respecto de los votos de los otros partidos, sino que debe superar un total en el que cuentan como «contrarios», también los que no votaron por unos ni por otros (en blanco y anulados). Eso significa nada menos que la posibilidad de que, teniendo el 50% más un voto de los votos emitidos a partidos, igualmente haya segunda vuelta, porque no obtiene el 50% más un voto de los votos totales validados (que incluyen aquellos en blanco y los anulados), que es lo que requiere esta abusiva y tramposa ley pergeñada en momentos de tener mayorías parlamentarias.
Y ésta es la primera situación paradójica que deben conocer, sobre todo los aún indecisos (y con más razón, los predispuestos aun a votar en blanco o a anular su voto voluntariamente). Con esa más que posible votación del FA, del 50% más un voto de los votos a partidos, tendrá la mayoría absoluta del Parlamento. Pero no le alcanzará para acceder a la Presidencia y deberá pasarse a una segunda vuelta, donde las dos camisetas de colores diferentes del «equipo» oligárquico se unirán (porque llegó la hora de votar juntos, ¿se acuerdan?) .
Y pueden, por este método espurio y calculado, llegar a obtener la Presidencia.
¿Se imaginan un presidente (como el Qk)i, gobernando con (¿o contra?) mayorías de la oposición en el Parlamento? Otra que motosierra, gobierno por decreto y medidas prontas…
Otra situación a destacar es que la magnitud de la diferencia entre el más votado y el segundo en la primera vuelta no interesa. En algunos países en los que hay balotaje, pero por otros motivos menos oscuros, si la diferencia entre el más votado y el segundo es de un orden superior al 10%, ya se define el ganador de la Presidencia y no hay segunda vuelta. Supongamos que el PN tuviera el 35%, de los votos totales a partidos, el PC tuviera el 12% y otros partidos el 3%, y el FA obtuviera el restante 50%. Con una diferencia de 15 puntos con relación al segundo, sin embargo, habría segunda vuelta.
Los que creen que una segunda vuelta, aun sin entender la estafa que significa, igualmente sería un engorro y un gasto innecesario, que pagaremos todos, deberían pensar un momentito si la coyuntura da para «rifarse» estas conclusiones.
Y todo esto, sin entrar a los otros elementos ya divulgados, de la triste historia del anterior gobierno del Qki, que ya fue…, las mejoras obtenidas por indigentes y pobres (aquí cobran más los que tienen menos…), en este gobierno. Así como mejoras en la salud, que incluyen el acceso al Hospital de Ojos, mejoras en asignaciones, sueldos, pasividades, computadoras para todos los niños y otras yerbas que resulta cansador, aunque necesario, reiterar.
Para desarmar la trampa «cazabobos» que puso la oligarquía, para seguirse enquistando en el poder, para evitar, además del fraude de voluntades democráticas, tener que dilucidar las cosas en una traicionera segunda vuelta, donde se puede caer en el riesgo de un presidente sin apoyo legislativo y, además, como si fuera poco, con una motosierra en la mano derecha, hay que pensarlo muy bien.
Que tu indecisión, o tu voluntad de «castigar» a todos los políticos, aun cuando algunos han demostrado ser mejores, no conlleve finalmente un duro castigo a ti mismo y a tus hijos.
Esta oligarquía, gestada por los «tenientes de Artigas», cuya traición a su (nuestra) gesta se consolidó desde 1828 en adelante, no puede seguir usufructuando el poder, como regalo de los más infelices, para proteger en forma vitalicia sus privilegios.
Habrá patria para todos, o privilegios para pocos.
Vos decidís.
Porque la cuestión, como nunca tan clara en los dos bandos que se presentan, sigue siendo entre la oligarquía y el pueblo.
Salud, don José.
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