La alternativa del ALBA

En «Unasur, la guerra y la paz» se ha expuesto que esa Unión es un objetivo del frente antiimperialista, que intenta la integración. Con las excepciones en América del Sur de Colombia y Perú ­cuyos gobiernos son satélites de EEUU­, países fuertemente condicionados por tener un TLC con dicha potencia, y el caso singular de Chile ­de mayor independencia política aunque también condicionado por la multiplicidad de TLC­, los otros países privilegian la integración regional. Pero unos pretenden un capitalismo independiente ­a cuyo frente se ubica Brasil, liderando a sus socios del Mercosur­ y otros reivindican su soberanía con firmeza y simultáneamente dan pasos de transición al socialismo. Estas dos orientaciones y objetiva unidad antiimperialista es medular, por ejemplo, para percibir la trascendencia de hechos concretos como que la Embajada de Brasil haya asilado a Zelaya, lo que lo vuelve actor de primer nivel en el conflicto de Honduras.

Sin embargo, con independencia de valorar muy positivo el rol de Unasur, las izquierdas representativas de las clases populares deben apuntar al ALBA (Alianza Bolivariana para las Américas), concebida como herramienta estratégica de integración tendiente al socialismo. La Alianza tiene su razón profunda de ser ante la evidencia de la incapacidad de las burguesías «nacionales» para romper la dependencia. Al respecto, ya en décadas pasadas han sido contundentes Mariátegui, el Che Guevara o Trías. Hoy en día, lo reafirman los progresistas conciliadores con esa burguesía, gestores permanentes de «buenos modales» frente a EEUU, como los recientes de Vázquez.

El ALBA denuncia al sistema capitalista. Plantea que la integración debe responder a una agenda económica definida por los Estados soberanos, al margen de los organismos rectores del gran capital (BM, FMI, etc.). Propone que el Estado intervenga para reducir las desigualdades sociales y las asimetrías entre países. Exige auditar la deuda externa, negarse a ciertos pagos y condicionar otros en función de las necesidades colectivas. Postula revertir las políticas de ajustes estructurales, democratizar los medios masivos de comunicación, legislar acerca de la propiedad y reformar el Estado sobre la base de la amplia participación ciudadana. Considera caduco el «libre comercio», que en la realidad mundial muy poco de libre le queda y, en cambio, patrocina el comercio justo. Propone combatir la pobreza y la exclusión, defender los derechos laborales y humanos en general, las libertades efectivas para las grandes mayorías, proteger al ambiente y los recursos naturales, promover la cultura y los valores nacionales y populares. Aborda en carácter de temas urgentes la lucha contra el hambre y el analfabetismo y la atención de la salud.

El ALBA crece desde que la constituyen Cuba y Venezuela como acuerdo de comercio justo, en que cada país suministraría lo que posee (diciembre de 2004). Se complementa con la disposición de integración estructural y estratégica de ambos en la dirección del anticapitalismo y del socialismo (abril de 2005). En abril de 2006 adhiere Bolivia. En enero de 2007 Nicaragua y en la actualidad son ya nueve miembros: tres de América del Sur (Bolivia, Ecuador y Venezuela), cuatro del Caribe (Cuba, Antigua y Barbuda, Dominica y San Vicente y Granadinas) y en América Central se han integrado Nicaragua y Honduras, ésta bajo el gobierno de Zelaya. Son observadores Paraguay y Granada. Fuera de América otras naciones y bloques se han interesado por relacionarse (Rusia, Irán, Unión Africana).

Del ALBA ha opinado Raúl Castro: «Ninguno de nuestros países tiene la más mínima posibilidad de cambiar el sistema económico mundial, pero sí juntos, podemos cambiar nuestro sistema, un nuevo sistema solidario, justo e integrador que rompa las cadenas que todavía nos oprimen de los viejos imperios». Y al integrarse Ecuador, Rafael Correa ha afirmado: «El Alba es un proyecto socialista (…) es integración energética, política y territorial», se trata de una decisión «reflexiva y madura» basada en «empatía ideológica» con el proyecto de «solidaridad e integración».

El ALBA ha creado un Consejo de Complementación Económica que trabaja en planificación económica, intercambio e inversión productiva y desarrollo de programas de cooperación entre los Estados miembros, tendiente a constituir una zona económica y monetaria protegida de la acción depredadora del capital trasnacional. Está en proyecto un Sistema Único de Compensación Regional, la creación de una moneda regional (el sucre), una Cámara de Compensación de Pagos y un Sistema Unico de Reservas. Impulsa crear empresas gran-nacionales (hay una de alimentos), una red educacional, diferentes grupos de trabajo sobre derecho internacional, autodeterminación, defensa de la soberanía y los derechos humanos. También propone un nuevo orden económico mundial que incluya la transformación del FMI, del Banco Mundial y de la Organización Mundial del Comercio. El gobierno de Mujica, respetuoso del máximo órgano del Frente Amplio ­el V Congreso­, deberá «avanzar en la toma de decisiones […] hacia la integración al ALBA, como alternativa a los procesos panamericanistas del ALCA o los planteos de los TLC» , tal como en él se ha decidido.

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