Una generación castigada, si las hay…
Creo que gran parte de la gente que nació en mi época tiene el cuero duro… Fijate si no es así… Nacidos durante el pachecato y las Medidas Prontas de Seguridad, luego la dictadura de Bordaberry, las Fuerzas Conjuntas y el capital financiero internacional, un atisbo de aire fresco con la contraofensiva popular…. ¡Y zas! En vez de una salida democrática avanzada por la cual tanto luchamos… una década enorme de 15 años de neoliberalismo… Recién se comenzó a dibujar un amanecer posible a partir del año 2005.
Recuerdo, tal vez tenía 5 años, una conversación en mi casa acerca del papel de las masas; la cosa venía brava y creo que el viejo estaba en el seguro de paro. En aquel entonces me ilusioné así de angelical es la inocencia de la infancia- con una merienda suculenta que luego no se produjo. Me recuerdo años más adelante escondido debajo de la cama de un cuarto de pensión en Caballito, Buenos Aires, y también recuerdo el enojo de mis padres ante mi insistencia de defender a Artigas en la escuela (campeaba la «leyenda negra», ni explicarles a mis compañeros quién era Bordaberry, no se podía hablar, ¡de ninguna manera! Años después comprendí que la cuestión del papel de las masas no escondió nunca una linda merienda… se trataba de una discusión táctica acerca de si el camino que debía recorrer nuestro pueblo era la guerrilla urbana o la amplia acumulación de fuerzas de la clase obrera y el pueblo y que las dictaduras del gran capital, son así.
Nosotros no podemos hablar lo que pensamos, porque eso puede costar la vida… Fernando, ya comentó en otro artículo la militarización de la enseñanza secundaria, el pelo a dos dedos del cuello, y la enorme capacidad de la dictadura de prohibir la alegría y de prohibir ser joven. Una generación castigada la nuestra, ¿no es verdad? Este es uno de los factores que permitió la emergencia de toda la rebeldía juvenil en el año 83. En ese entonces yo militaba en la FES del movimiento estudiantil de secundaria. Después de unos breves aires esperanzadores, desde el 90 tuvimos que respirar la impunidad y la aplicación de un modelo gris, concebido para la desindustrialización, el desempleo, la marginación creciente de nuestro pueblo, la concentración de la riqueza, en fin, la falta de perspectivas para toda una nación. Ya en el movimiento obrero muchas veces «reculando en chancletas» fuimos gestando las condiciones de ubicar la acumulación de fuerzas en un nuevo plano, para poder transitar por una estrategia de desarrollo productivo, social y democrático, que permitiera seguir soñando, pensando y actuando para una nueva sociedad. Generación castigada pero con el cuero duro de tanto combate.
Así fue que en el 2005 -junto a América Latina- contribuimos con nuestro «soplo» a los nuevos vientos continentales. Es principalmente por esta razón que el 25 de octubre hay que anular la Ley de Impunidad. No se trata de un ajuste de cuentas con el pasado. La «movida» del SI a la papeleta rosada es para garantizar un recorrido hacia el mañana, es por el futuro, es por la multicolor alegría de poder construir una ruta de avances democráticos. Es por nosotros, por los jóvenes, nuestros hijos y los hijos de los hijos ¡Orientales…. se puede!
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