Les duele, les calienta, les revienta

Que eduquemos a nuestros niños y jóvenes en ciencias humanas y tecnología, trato respetuoso con el prójimo y fundamentalmente en relación de igualdad y reciprocidad con los semejantes, no significa enseñarles a ponerse caretas o a fingir, a disfrazar sentimientos ni a adobar la carne fuera de fecha con olor a «abombada» para pasarla por fresca, como se dice vulgarmente, o sea corrientemente en el cotidiano decir y se entiende, que es lo básico.

 

Revelarnos con honestidad hacia el otro trasciende el idioma o los muchos libros leídos, se impone a los títulos académicos y a los grados de intelectualidad. Esos valores están por encima de palabras y por supuesto de los equipos mecánicos más sofisticados. Tanto, que pueden manifestarse con un gesto o una actitud, en ausencia de léxico o con exceso de él, lindo o grotesco, de acuerdo a criterios subjetivos inevitablemente. Cada uno se manifiesta desde lo que es y eso debería primar: que la comunicación se produzca en términos de intercambio verdadero entre sentimientos e ideas y no de meras formas. Que se democratice la informática con una compu portátil para cada gurí, no implica adiestrar para decir cosas a medias, ser hipócritas o faltos de veracidad.

 

La pregunta, o una de ellas, podría ser si la gente prefiere palabras bonitas o sinceridad en el contenido de las mismas.

 

A muchos les molesta el carisma de Pepe Mujica, la aceptación y el respaldo popular indiscutido que tiene, y que sea firme candidato a Presidente de la República Oriental del Uruguay. Esa es la realidad. En ocasiones tiene ganas de hablar fino y en otras le sale apaisanado y directo, chocando con ciertos prejuicios que atribuyen buenos modales al uso de las palabras solamente. Esos que fueron presidentes hablan muy bien en público, pero se han reído de las necesidades de la gente llevando al país a la bancarrota, a la miseria y a la inseguridad.

El senador Mujica es especialísimo y aunque no justifiquemos sin analizar, lo vamos a entender en su franqueza siempre porque el pueblo está harto de viveza criolla gobernante y de cambios en el discurso sin vivencias acordes, de comida «pasada» y perfumada, de gato por liebre, de blancos y colorados.

 

El candidato que nos hemos dado en el Frente Amplio es un hombre polémico, frontal, decisivo, y ése es su mayor poder. Otros, por más que posen, no tendrán su vida como testimonio de entrega a la patria como tiene este nacionalista frenteamplista, rara avis de la sociedad latinoamericana y casi diría mundial. Es imposible estar tanto frente a los micrófonos y elaborar cada respuesta en la tremenda proyección que han adquirido las declaraciones de una persona que no buscó el éxito político que tiene y a quien supera la trascendencia de su repercusión mediática y real, su fuerza y por ende también su debilidad, pues por ahí lo atacan usándolo como producto de prensa. Pródiga figura y personaje que permite todos los desbordes debido a la generosidad de un alma incorruptible.

 

José Mujica no inventó a Pepe. Es Pepe.

 

Su autenticidad tan atractiva es por lo que le pasan factura los que desearían tener su impronta.

 

¿Qué culpa tiene Mujica si a muchos de los que lo critican no los buscan ni los sapos para mearlos? ¿Suena fea esta frase? Léase entonces: «La envidia es una declaración de inferioridad», como dijo Napoleón. O sino: «¿Qué es un envidioso? Un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta», como dijo Victor Hugo. Iluminados pensadores que reflexionaron sobre las penurias de la personalidad humana llamándole por su nombre a las cosas, lo que no debería asombrar a nadie sino ser ejemplo para recuperar la esencia humana que nos compele a amarnos para crecer y no a odiarnos para destruir y destruirnos.

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