Desubicaciones
Los candidatos del Partido Nacional han tomado a la tremenda los conceptos vertidos por Mujica sobre el peronismo y el matrimonio Kirchner, él, ex presidente, y ella, actual mandataria.
A tal punto llega el oportunismo y la falta de sinceridad de esta postura que conviene hacer historia, no muy añeja, sino a partir de la asunción de Néstor Kirchner como presidente de los argentinos.
En realidad todos los uruguayos están informados de las diferencias y el desprecio que mantienen los integrantes de la fórmula blanca hacia los gobernantes argentinos ( al punto tal que pidieron hace un tiempo una entrevista ante el embajador Patiño Mayer y luego la cancelaron), por lo que asombra que aparecieran en Buenos Aires asumiendo la representatividad de todos los uruguayos y pidiendo perdón. Esto de pedirle perdón a los argentinos parece que de a poco se va transformando en una costumbre en blancos y colorados ( Jorge Batlle). Algunos lloran ante cámaras, otros no.
No se necesita contar con demasiada memora para recordar los dichos de ambos candidatos sobre la política argentina, su política de retenciones a la oligarquía ganadera, sus posturas frente a una deuda externa que fue irresponsablemente asumida por un ex presidente que ya cuenta con varios procesamientos (a propósito, LA REPUBLICA ya ha publicado en varias ocasiones una foto que muestra quiénes son los amigos argentinos de Lacalle: en la casa de los hermanos Rhom, estafadores y procesados en el Río de la Plata, el actual candidato blanco posa junto a ellos, a Carlos Menem ( sin comentarios), el Dr. Jorge Batlle ( menos comentarios) y George Bush ( ¡). ¿Se hace necesario explicar algo más?
¿Qué hacía el Dr. Lacalle junto a los dueños del Banco Comercial, Bush, Menem y Batlle? (Alguna vez lo explicará). Pero no nos alejemos del tema.
Lacalle y Larrañaga hicieron el ridículo en Argentina asumiendo un rol que no les corresponde. Sobre todo luego del furcio del ex presidente, que sostuvo que no toma ejemplos ( en alusión al gobierno argentino) que no valen la pena. A propósito, ¿cuál fue la postura de Lacalle cuando el entonces presidente Batlle nos dejó a todos los uruguayos en ridículo y ahí se insultó a todos los argentinos? ¿Alguien la recuerda? Es imposible, porque se llamó a silencio.
Las disculpas de los blancos quedarón más fuera de tono luego que la presidenta de los argentinos sostuvo que no estaba ofendida y adelantó que próximamente se volverá a reunir con Mujica y culminó mandándole saludos. La comunicación de la mandataria argentina derivó del escándalo artificial que articularon blancos y colorados en base a un artículo que recogía tergiversaciones malversadas de opiniones que emitió Mujica en sucesivas entrevistas, meses antes de las elecciones internas del 28 de junio.
Blancos y colorados, ironizó Mujica, hicieron «un alarmismo por la publicación, un poco contrahecha, de algunas cuestiones que salieron en un libro, que relata conversaciones que no debieron salir como fueron puestas, pero menos debieron ser deformadas como fueron trasmitidas por ‘Búsqueda'».
Nadie niega que no fueron felices las declaraciones de Mujica pero la postura de L y L fue peor. Piense el lector, ¿a cuántos uruguayos representan como para asumir una representatividad nacional ? Pensamos que les quedó grande y tuvo lugar fuera de tiempo porque hoy son simples ciudadanos que aspiran a gobernar el país.
La conclusión es que la representatividad se gana, no se autoproclama. Eso en lenguaje llano y del hombre de la calle, estilo que tanto preocupa al Dr. Luis Alberto Lacalle de Herrera, tiene un solo nombre: desubicación. Aquello de que había progresado en sabiduría y humildad, no parece reflejarse en la realidad.
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