El pez por la boca muere

En esos buenos programas culturales que pasan por algún canal-cable (Natgeo), pude ver, recientemente, un pez depredador, de aspecto siniestro, con apariencia símil de político diestro, disimulado en el fondo del arrecife, dotado por la naturaleza de un sebo artificial, similar a un gusano que agitaba, pendiente de un apéndice que salía de su cabeza y se ubicaba en la cercanía de la boca. Con ello, agitando «la carnada» artificial, lograba atraer a otros peces, hasta la cercanía de su boca, y con un movimiento repentino, lograba tragarlos.

La oligarquía, es un núcleo cuantitativamente pequeño en el total de una población. Esta condición es necesaria e imprescindible, para que la «rapiña» a la que somete al resto, le sea suculenta y redituable. Muchos para ser rapiñados y pocos para repartir el botín. Pero dotado de singular poder de acumulación económico, cuyo objetivo es, mantener a través del poder ejercido en detrimento de los demás, los privilegios que le permitan acumular riquezas, por encima del promedio que el sentido común y la justicia indicarían. Para ello, compra los servicios mercenarios de contingentes armados, se instala en el poder político y elabora una «carta magna» a su medida para darle a su actuación un respaldado blanqueo de aparente validez.

Sin embargo, como en este mecanismo se utiliza la elección periódica, necesita «sebos artificiales» apara poder «tragarse» en forma disimulada pero efectiva, a los circunstanciales y quinquenales votantes que, aún no perteneciendo a su «casta» estén dispuestos de alguna manera, a intentar deglutir ese sebo que se le pone a la vista.

Porque de otra manera, un grupo cualitativamente poderoso, no podría obtener el poder político al que aspira, sin contar con la aquiescencia (el voto) de «desclasados» más o menos inconscientes de la clase socio-económica a la que realmente pertenecen. Y lo que es peor, sin darse cuenta de que el falso ofrecimiento que se les hace, de cumplirse, violaría el objetivo de la oligarquía que es profundizar la distribución injusta de los recursos.

Es como si el depredador del que hablamos, se dejara comer la lombriz que utiliza como sebo.

Sólo de esa manera se puede explicar que, siendo la clase oligárquica un pequeño porcentaje de la población total, la/s opción/es oligárquica/s esté/n apareciendo como destinataria/s de una posible votación que conlleva al empate técnico con el partido que, de cumplir con los objetivos por los que se creó, sería el único capaz de respetar y defender los intereses del pueblo.

Pero, el agite del «sebo artificial» por parte del «depredador pez grande», parece que todavía logra sus efectos.

No de otra manera, las clases más desposeídas pueden ser tentadas a cambiar una mejora cierta en su nivel de vida y una posibilidad de mejora aun mayor, por el mendrugo del clásico «choripán» y vaso de vino que la oligarquía ofrece como «sebo artificial» tan sólo en esporádica forma quinquenal.

No de otra manera los operados de la vista, que han recobrado la visión, cosa que pudo haber sido mucho antes ­pero nadie se acordó de ellos­ pueden terminar tentados de perder sus avances retrocediendo a etapas anteriores, como ciegos políticamente hablando, por transitar sin usar las neuronas cerca de las bocas de esos depredadores de la política.

No de otra manera, los padres pueden olvidar que la «compu» que ahora muestran orgullosamente sus hijos en plano de igualdad no despreciable con otros niños, no sería posible ni lo ha sido hasta hoy sin la presencia de este gobierno, cuya continuidad se arriesga si no se piensa con realismo y ubicación mental.

No de otra manera, una parte de los integrantes de la llamada clase media que no pertenecen económicamente a la oligarquía, pero si ideológicamente, pero que desean «de alma» participar, sin suerte, claro, de sus privilegios pueden verse tentados a intentar subirse a esas «huestes» sin comprender que el negocio de las oligarquías es de constituir un contingente con los menos beneficiarios posibles, para que la «pesca» resulte bien lucrativa. Y que, al igual que a los otros desclasados de los que hablamos, los necesitan y requieren, sólo en el momento crucial del voto.

Sólo a través del funcionamiento de este mecanismo de los «sebos artificiales», pueden los depredadores de siempre lograr enquistarse en el poder. Y ya han estado demasiado tiempo. Por ceguera no atribuible a cataratas, que como vemos este gobierno ha demostrado en los hechos que es curable.

Está en las potenciales víctimas de sus artimañas no acercarse demasiado a sus camufladas bocas, por más atractivo que parezca el sebo artificial que les enseñen (aunque coyunturalmente, el choripán deje lugar al asado con cuero…).

Porque, escondida y disimulada de atractivo miembro oferente, en la mano derecha no pende otra cosa que la motosierra, forma neoliberal que ha adquirido la espada de Damócles.

El pez grande vive del chico. Y el chico, tendrá que pensar un minuto y elegir bien su destino inmediato y el futuro de sus hijos, que está en juego hoy más que nunca.

Como al pececito de la serial, le va la vida, el darse cuenta que está en presencia de un sebo tóxico.

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