EDITORIAL

La vuelta de Pacheco

Sin argumentos, con las encuestas que no le dan para impedir el triunfo del FA en primera vuelta, el Partido Nacional se ha desmelenado y ha resuelto lanzar una política de enchastre generalizado, teniendo como particular objetivo limar la imagen positiva del presidenciable José Mujica.

Es una estrategia basada en la histeria, en el miedo, que busca trasmitirle esas mismas sensaciones al resto de la sociedad o a parte de ella.

La dirigencia nacionalista parece no entender que el miedo sólo produce miedo y no hay garantías de que el temor no termine cayendo sobre el promotor de tan bajos sentimientos.

Una ex diputada y ex ministra de Trabajo del Partido Nacional, artífice de las desregulaciones laborales, que vivió muchos años fuera del país trabajando en organismos internacionales, ha llegado al ridículo de comparar al movimiento tupamaro de las décadas del 60 y 70 con el acto criminal que se produjo contra las Torres Gemelas.

Mientras tanto el doctor Luis Alberto Lacalle, el líder de la ex ministra, reconociendo que el Frente Amplio es la principal fuerza política del país, ha dicho que si él gana el balotaje pero el Frente Amplio es la primera fuerza en el Parlamento, gobernará por decreto.

Con esa sola idea, el doctor Lacalle se mimetiza con la imagen de Jorge Pacheco Areco, quien comenzó y terminó gobernando por decreto y en muchos casos bajo las Medidas Prontas de Seguridad, porque el programa de la oligarquía financiera no tenía apoyo parlamentario y había que implantarlo a sangre y fuego.

Muy atrás han quedado los lamentos nacionalistas de que el gobierno del doctor Tabaré Vázquez, que sí tiene mayoría parlamentaria, no trabajó buscando un entendimiento con la oposición, la cual desde el primer día eligió la vereda de enfrente, tirando piedras sobre el techo del rancho.

Ahora los blancos, que no van a ser mayoría parlamentaria, anuncian amenazantes que no habrá diálogo con la oposición, por eso el instrumento del decreto, que no puede derogar leyes, será su espada en los momentos de definir los rumbos de la República.

Da la sensación de que el lacallismo, con su nueva «incorporación» que es Jorge Larrañaga, no va a encontrar paz en su espíritu, ni profundidad de pensamiento para que la campaña electoral tome el camino del debate de ideas, de programas y de respuestas.

Si la izquierda se serena, si no habla de más, si sigue trabajando sobre los indecisos, si jerarquiza la propuesta y el cariño, contra el agravio y el odio, tiene todo para ganar.

Es que Pacheco, esta vez de golilla blanca, no puede volver y si vuelve que se quede en las puertas de Suárez, esperando cinco años más.

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