EDITORIAL

Los partidos y los supermercados

El candidato a la Presidencia del Partido Nacional no deja de asombrarnos y parecería que la sabiduría callejera de Mujica era muy acertada cuando sostuvo «déjenlo hablar que se entierra solo».

Pues bien, el Partido Nacional ha ido perdiendo adhesión en los últimos meses y como contrapartida el Frente Amplio la ha ido aumentando.

Concentrémonos en el PN y su líder. Comenzó hablando de motosierras, cometió una serie de errores conceptuales sobre algunas leyes (recuérdese que es abogado), luego comenzaron a aparecer resultados preocupantes para su partido y saltó nuevamente al ruedo, pero esta vez insultando, denostando, intentando «basurear»; naturalmente, se ensañó con José Mujica.

Esta misma semana tuvo que hacer maravillas en un discurso para pretender demostrar que la revolución armada del Partido Nacional, liderada por Aparicio Saravia, fue buena y necesaria para el país, en cambio, el alzamiento en armas tupamaro no lo fue.

Para ello recurrió al peor argumento posible: los muertos. No fue convincente, más bien, «no aclares más que se oscurece», porque en realidad cualquier libro escrito por historiadores como Pivel Devoto (blanco) informan sobre los detalles que para el actual candidato nacionalista fueron simplemente anecdóticos.

El otro argumento que utilizó fue que los blancos luchaban por más democracia y finalizado el alzamiento se integraron a la vida democrática, sostuvo Lacalle. ¿Cuál es la diferencia con lo que sucedió en la década del 70? La única es que el MLN no se integró inmediatamente a la vida democrática porque estuvieron 15 años presos en las peores condiciones.

Pero no se trata de defender ni justificar al MLN, sino de precisar los desaciertos que comete casi a diario el candidato de los blancos, tal vez porque su programa electoral se basa en «estar al golpe del balde» respondiendo a lo circunstancial, a alguna declaración desde la otra vereda sin desarrollar un programa de gobierno.

Y, cuando se introduce tímidamente en algo de eso, comienzan a surgir los problemas. Prometió recientemente a los jubilados aumentar las jubilaciones más sumergidas a un mínimo de $ 5.000. La idea, es buena, suena bien, pero el presidente de la Onapju le contestó que estaba planteando un disparate, ya que el mínimo jubilatorio hoy que perciben muchos ex trabajadores es de $1.800 (recordemos que han tenido numerosos aumentos en este gobierno y, a partir del 1º de enero de 2010 recibirán un nuevo aumento del 15%), por lo que de concretarse la propuesta lacallista se estaría aumentado el presupuesto nacional en 100 millones de dólares. Lacalle parece que ya se olvidó de la motosierra al gasto público que prometió llevar adelante.

La última joyita fue la imagen que utilizó el sábado pasado para definir al Partido Nacional : «es un supermercado».

No nos queda claro exactamente qué quiso decir, pero lo que parece muy claro es que un supermercado y un partido político tienen muy poco en común. Un supermercado es propiedad de una sociedad anónima, con fines de lucro, con numerosos empleados que aún hoy tienen serios problemas para poder sindicalizarse, se dedica a la compra-venta de mercaderías y está muy lejos de ser un «servidor público» ya que se basa en ofrecer productos a la venta, intentar que el cliente los compre aunque no los necesite (venta por impulso) y, en realidad, la distribución de las mercaderías tiene un orden prolijamente estudiado por los especialistas. ¿Eso es el Partido Nacional? ¿Ese es su programa de gobierno donde cada uno elige lo que le gusta? .

Todavía no hemos oído a ningún propietario de supermercado anunciar pomposamente que «primero está la Patria, luego mi supermercado».

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