La pera, los "moderados" y los "auténticos"

Hace décadas ­cuando el debate trascendía la superficialidad posmoderna de los 2000­ la izquierda reflexionaba acerca de cuándo debía comerse la pera, entendida en nuestro símil, como las transformaciones profundas antiimperialistas requeridas para la transición socialista. Se decía bien que los impacientes la comen verde y se indigestan. A los conformistas, satisfechos de lo que han hecho y tienen, nunca les llegará el momento y esperarán hasta que se pudra. El arte y la ciencia de la política consiste en comerla madura, cuando nutre y satisface.

En esta elección y en la zona difusa de los auto-rotulados de izquierda ­desde los «moderados» a los «auténticos»­ hay quienes están actuando con prisa, sin analizar el estado de conciencia de las masas populares, listos para ingerir la pera verde. Otros, hacen abstracción del mundo (la crisis del capitalismo, la agresividad imperialista) y nunca les llegará el tiempo de las transformaciones profundas, cooperando para que la pera se pudra. Y finalmente están los que intentan comerla madura. Para diferenciar a esta gama de «izquierdas» es preciso analizar, al menos, dos contradicciones esenciales que hacen viable las transformaciones profundas.

La primera contradicción la constituye el estado actual del sistema capitalista. Un sistema en crisis crónica, que como el boxeador al borde del nocaut, parece levantarse pero cae, otra vez ¿se levanta?…y recae. Pero para ocultar el fenómeno, están los «técnicos» del FMI y aún los «progresistas» coadyuvantes de la colonización ideológica, que «confirman» que lo peor ya pasó, que estamos «blindados», que saldremos de la pobreza y de la indigencia gracias a la captación de la inversión extranjera, del crecimiento con redistribución sin cuestionar al sistema, etc. Obnubilados con el Primer Mundo y sus «progresistas» como Obama, fantasean esperando que los éxitos del Primer Mundo se repitan en el nuestro, de economía distorsionada por la acción imperialista. Estos ideólogos y políticos del conformismo, del capitalismo «humanizado», apologistas del BID, etc., en el Frente Amplio (en el que también están) han sido derrotados en el V Congreso primero, y por la ciudadanía después. Sin embargo, mientras Mujica se abre de su sector para ser el candidato de todos, Astori encabeza un Frente dentro del Frente nominado Líber Seregni, figura del Frente Amplio en su conjunto. Sin mencionar al sistema capitalista, al imperialismo, de espaldas a la región, al ALBA, apologistas del Chile de los múltiples TLC y de la múltiple dependencia, apuestan a un gobierno más pragmático que aumente el «aggiornamiento» filo-estadounidense, alejado de los «populismos» y sin un Frente Amplio sólido y potente que asegure el control popular del gobierno. La decisión de crear un Frente dentro del Frente obliga a distraer la atención de octubre para remarcar diferencias internas.

La segunda contradicción exige el análisis de la clase trabajadora. En el presente, no ha desaparecido el proletariado como ansían los posmodernos para terminar con la maléfica lucha de clases. Tampoco ha dejado de ser la clase trabajadora ­mosaico complejo, pero con la mayoritaria condición de asalariados­ la vanguardia social y política de las transformaciones profundas. Y un aspecto insoslayable de su fortalecimiento actual es la creciente sindicalización, favorecida por la acción de este gobierno, que implica un salto de calidad positivo, que desarrolla la conciencia de clase, la que a su vez, es la base de sustentación de las trasformaciones profundas de contenido socialista. Pero los análisis de clase no son considerados por los «auténticos», sean doctores liberales ­que necesitan estar a la izquierda de lo que haya y para quienes la táctica y la estrategia son conceptos desconocidos­ sean dogmáticos que no han despegado del stalinismo y lo siguen justificando, o que practican la intolerancia en la peor de sus formas, denigrando por «traidores» a quienes discrepan o agraviando al PIT-CNT tratándolo de «empresarial». La bolsa de sectas, que mutuamente se repelen, se alían para evitar que se mantenga o ensanche el objetivo frente anti-imperialista representado por Unasur, pues tanto les da un gobierno de Mujica o de Lacalle, de Vázquez o de Uribe o Alan García.

Es preciso la paciencia: dialécticamente mediante la acción ideológica, política y sindical deberá irse elevando la conciencia de clase de los trabajadores, mientras paralelamente se irá luchando por implementar medidas de profundización, inclusive rectificando orientaciones, principalmente económicas. Mientras tanto, no sólo hay que resaltar los incuestionables avances logrados por el gobierno, sino también demostrar la insatisfacción con lo que no ha hecho, o peor, hecho mal. Apostemos a que el Frente gane, y gane ampliamente la izquierda antiimperialista representada por la coalición de fuerzas que han apoyado la candidatura del Pepe a la Presidencia. Esa será la respuesta adecuada para evitar comer la pera verde o podrida.

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