Mitos sobre la pobreza
Es un principio fundamental nacionalista el respeto al derecho de soberanía que debe tener cada nación. Sean del pelo que sean. O sea, Colombia, como país independiente dentro de fronteras propias, tiene el legítimo derecho a resolver y pactar con quien quiera y se le dé la gana.
Claro está, siempre que no interfiera o perjudique la equivalente soberanía de países vecinos que, por diferentes razones, puedan verse amenazados o violados en las propias.
Y el meollo del problema suscitado en el pacto yanqui-colombiano de participar o integrar bases militares, siete ahora y más adelante pueden ser otras, por tropas y técnicos imperiales ese y, en los hechos, puede presumirse, obviamente, que serán yanquis sus jefaturas como mínimo y en ello estriba el razonable temor continental. La FARC y la lucha contra el narcotráfico, son espléndidas excusas.
En buen romance, muy buenos vecinos del barrio, tanto que, en ocasiones se cuenta de su asociación fraterna. Y hay quien sostiene que, en materia de la droga y su mantenimiento, dado los montos y sus ganancias en el propio mercado yanqui, que monopoliza el principal consumo del mundo, hay intereses de la propia banca y asociados de Wall Street, no toda es norteamericana, que económicamente les sirve su permanencia.
Verdad o no, si a esto se le suma el interés por el cuantioso canal petrolero amazónico, crea como peligro inminente, tener en el corazón de América una bomba intervencionista de tiempo, a «reventar» cuando a Washington se le ocurra.
Ya sea, por una razón u otra, las bases militares, aún con la anuencia colombiana y su «participación», es el «agramant» legal que la USA pasaría a tener en el continente.
En coordenadas rápidas y relativamente breves aplastan cualquier movimiento que no sea de su interés.
Claro, con el paso del tiempo, la FARC fue creciendo y con los éxitos electorales de la izquierda a nivel continental, particularmente de la Venezuela bolivariana de Chávez, Ecuador de Correa, Bolivia de Evo Morales, la propia Cuba, Nicaragua y algún etcétera más, como se aprontaba la Honduras de Zelaya en cierne aún indefinido, era y es un bloque peligrosísimo, justo situado en el «patio del fondo» de Washington .
Ya no está Bush y Dick Chaney con la Condolezza pero, por más «macanudo» que sea el «grone» Obama, Wall Street y asociados con todo el resto del imperio, no lo va a dejar opinar distinto en este tema donde el futuro del monstruo imperial está en juego.
Tiene razón Chávez cuando dijo que «suenan tambores de guerra» en el continente. Baste observar los gastos bélicos de los distintos países de esa línea radical, incluyendo Chile, para convenir que no se hacen para cazar «codornices». (Datos recientes de Bariloche). O sea, del otro lado también se juegan la vida.
El péndulo político americano empezó a caerse hacia la «derecha». El caso Honduras es un ejemplo. Bastaría un «estornudo» de Washington para que se acabara el golpe de Estado. No es creíble que los yanquis no lo supieran ni menos que se hubiesen puesto «respetuosos» de las soberanías de su «hermanas americanas».
No han respetado a los países árabes, que junto a sus «amados» socios se les quieren quedar con el petróleo nada menos, ¿qué «pelota» le pueden dar a Honduras? O sea, no es locura prever, a no muy lejano plazo, futuras intervenciones imperiales. No corren más riesgos.
Ya sufrieron Indochina y en el Golfo Pérsico habiendo mandado cientos de miles de soldados y flotas enteras con aviones, misiles y costosos sofisticados armamentos, incluido lo «atómico». No ganaron y hoy empiezan a retirarse de Irak.
¡Impensado!
¿No?
En América es distinto. No hay traslado o multitudinarios. Viene «caminando» y tienen todo lo que necesitan incluido el petróleo. Nosotros aún estamos lejos y nuestra pequeñez nos quita gravedad bélica.
¡Pero cuidado con las estrategias a seguir «embalándonos» con simpatías ideológicas o prácticas!.
¡El equilibrio parecería lo más sabio, sin estridencias ni fanatismos!
De ser ciertas las versiones, le puede ir la vida futura al «paisito».
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