Un rayo de luz en las malas noticias

Esta fue una semana triste para Israel.

El martes entraron a prisión dos ex-ministros (el ex titular de Finanzas Abraham Hirshenzon originalmente del Likud, que luego pasó a Kadima, y Shlomo Benizri del partido ultraortodoxo Shas), por haber sido hallados culpables de corrupción. El primero estará casi siete años tras las rejas y, el segundo, algo más de cuatro.

Pocos días antes, la Fiscalía israelí había confirmado que inculpaba al ex primer ministro Ehud Olmert por tres cargos de corrupción. Olmert, que quería quedar registrado en los libros de historia como el jefe de gobierno que lograba hacer la paz con los palestinos, pasó a la posteridad en circunstancias sumamente diferentes: se convirtió en el primer ex premier contra el que se presentan cargos que lo llevarán a juicio.

Sus abogados sostienen que será imposible hallarlo culpable, que hay numerosos «agujeros» en las «supuestas» evidencias y que todo se esfumará como si nada hubiera sucedido. El propio Olmert continúa negando todas las acusaciones en su contra. Confirma haber recibido dinero del empresario norteamericano Morris Talansky (ese es sólo uno de los puntos que lo llevarán a los tribunales), pero alega que fue para donaciones legales en el marco de campañas electorales, no un acto ilícito ni sumas indebidas.

Y el miércoles comenzó en un juzgado en Tel Aviv el juicio al ex ­presidente Moshe Katsav, sospechoso de violación y acoso sexual.

Recordamos las palabras con las que el profesor Emanuel Gross, jurista de la Universidad de Haifa, reaccionó cuando le preguntamos, muchos meses atrás, sobre el significado de las sospechas contra Katsav que en ese momento se publicaban por primera vez.

Le costaba medir las palabras y en su voz se notaba la desazón que sentía. «Es como si el cielo se cayera», nos dijo. Desde entonces, el «caso Katsav» pasó muchas etapas y ahora, finalmente, comenzó el juicio.

Claro está que ni Olmert ni Katsav son culpables en sus respectivos cargos, en tanto ello no sea demostrado en los tribunales. Son inocentes hasta que se demuestre su culpabilidad.

Eso no quita, sin embargo, lo triste de estos días. No consuela comparar con otros países donde la corrupción y los escándalos son cosa de todos los días. No consuela decir «otros son peores». Ni siquiera consuela decir casi como frase tragicómica que «al menos, se cumple el sueño de ser un país como todos». Esto no era parte del plan ni del sueño.

Pero hay, sí, un rayo de luz que merece ser destacado. Nada quita a la corrupción, si es que fue tal, ni a los terribles actos de los que es sospechoso el ex presidente Katsav. Pero sí ilumina en algo la situación general de Israel, aún en medio de las malas noticias.

Ese rayo de luz del que nos aferramos, creemos que, con razón, es que todos estos días terribles, vuelven a confirmar que en Israel, todos son iguales ante la ley. ¿Acaso es cosa de todos los días ver a ex ministros entrando a prisión? Claro que no, aunque sí es bastante común oír de escándalos financieros y saber de sospechas de corrupción en distintas partes del mundo.

En el caso de Olmert, cabe recordar que, si bien recién ahora se confirmó oficialmente que se presentan cargos en su contra, fue investigado ya antes, cuando todavía era el primer ministro de Israel. Fue eso precisamente lo que llevó a su dimisión y alejamiento de la política. Lo mismo sucedió con Katsav, contra quien las sospechas surgieron cuando aún era, oficialmente, el ciudadano número 1, el presidente del Estado, lo cual no impidió que la policía entrara a interrogarlo en la propia residencia presidencial.

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