Tabaré, Artigas y la esperanza

El poder absolutamente siempre promueve la amnesia y la transforma en su mejor arma contra el pueblo. La amnesia es el olvido, es no unir el pasado con el presente.

El poder y la amnesia no saben de arrepentimientos, ambos se potencian, reclaman más atropellos y se presentan en las elecciones.

La arrogancia implícita en algunos candidatos excluye cualquier posibilidad de disculpa o autocrítica a la humillación que llevaron a un país de 3 millones de habitantes a 1 millón de pobres.

Solo quienes actúan con impunidad no reconocen sus atropellos, sus actos contra otros, sus responsabilidades.

El poder actúa impunemente porque durante mucho tiempo manipuló la amnesia desde uno de sus tantos poderes.

El poder político, cultural y económico hasta el 2004 fue bastión de las clases dominantes, en ellos se miraban cual espejo que los multiplicaba, los hacía más fuertes, impunes y arrogantes.

A partir de allí el poder político no estuvo más bajo su control, no se conformaron en mantener el económico, el cultural y en consecuencia desataron la oposición mediática más larga y constante conocida en la historia del país.

Interpelaron en el Parlamento tantas veces que debería ser algo meritorio al libro Guinness, tantas veces fueron que no cabe una sola duda que fue intransigencia desatada por una clase social enquistada en el poder político, que no admitía ser desplazada como fuerza principal articuladora y materializadora del poder real, que era la imposición permanente y sistemática de que las grandes mayorías empobrecidas mantengan a una minoría rica.

En esta coyuntura no hay matices, lo que debe haber es dicotomía pura que significa a nuestro entender, negro o blanco, ricos o pobres, ellos o nosotros.

La marcha de la esperanza que convocó a miles y miles de compatriotas fue posible por el hecho de que convocábamos a dos obras; la construcción de una barrera para que no pasen hoy por ella los que quieren retornar con sus políticas de los 90, y un puente de ida y vuelta que recupere la memoria, desconvoque en la impunidad y por el futuro, por el programa del Congreso del Pueblo.

El poder popular así interpela, cuestiona y desnuda a los poderes impunes tal cual lo hace el presidente Tabaré Vázquez con el traslado de los restos del prócer militar José Artigas.

En el espacio físico en que se encuentran estos (el Mausoleo), solo existen fechas, números de años, no evocan una sola frase de su pensamiento y sus actos. En este hecho el poder demuestra una vez más la necesidad de producir amnesia para gobernar.

Por ello hoy más que nunca operación memoria.

Dijo José Artigas: «Clemencia para los vencidos». El poder militar secuestró a María Claudia de Gelman con sus jóvenes 19 años, embarazada, esperó que diera a luz, la asesinó y secuestró a su hija.

¡Uruguayas y uruguayos nunca más!

Dijo José Artigas: «No venderé el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad». El poder político de los 90, intentó la privatización y la venta de las empresas públicas que son propiedad de todos los uruguayos.

¡Uruguayas y uruguayos nunca más!

Dijo José Artigas: «Que los más infelices sean los más privilegiados». En el año 2002 se detectaron niños comiendo pasto en una escuela de Colón.

¡Uruguayas y uruguayos nunca más!

Descartamos que Tabaré quiera trasladar solo los huesos del prócer, apoyamos y reivindicamos su desentierro del poder de la amnesia, arrogancia e impunidad.

Compañeras/os debemos ver en el pasado una lección y no un estorbo, para aprender y no arrepentirnos.

La continuidad de la marcha de la esperanza debería ser 1.000 fogones artiguistas a crear, que serán los impulsores hacia una nueva marcha por la victoria de la dignidad plena y nunca más 1.000.000 de pobres, ya que balancearemos el miedo con vergüenza, la prudencia con valor y la indiferencia con memoria.

No convocamos para delegar responsabilidades, marchamos para asumir la historia.

Luchar hasta vencer.

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