EDITORIAL

En EEUU no hay golpes,  matan a los presidentes

La elección del primer presidente negro en Estados Unidos fue evaluada en el mundo entero como un gran paso en la lucha por la igualdad y la tolerancia política y racial. Sin embargo, un informe presentó la otra cara de esta moneda. Según un estudio, las milicias de extrema derecha se han multiplicado en Estados Unidos durante los últimos años y especialmente tras el triunfo de Barack Obama.

Para el Southern Poverty Law Center (SPLC), reconocido por sus trabajos sobre los grupos de extrema derecha, se trata del crecimiento más importante desde hace 10 o 12 años, como se expone en el estudio «La segunda oleada: el retorno de las milicias».

Los grupos racistas estadounidenses aumentaron en un 54% entre 2000 y 2008, pasando de 602 a 926. Esto, según el informe, es más que preocupante, pues todo lo que falta es una chispa. Es sólo una cuestión de tiempo para que la violencia se desate.

Los grupos de extrema derecha le declararon la guerra a Obama desde el momento de su designación como candidato, y tras su triunfo libraron una batalla que llegó incluso a los tribunales para probar que, supuestamente, no había nacido en Estados Unidos sino en Kenia como su padre y, por tanto, que no podía estar al frente del gobierno.

Esta gente racista y de extrema derecha no soporta ver a Barack Obama como presidente, sobre todo porque es negro pero también porque es progresista. Si al color de Obama se le suma que escogió secretarios de gobierno e, incluso, una ministra de la Suprema Corte de origen latino, se agrava la oposición al presidente entre los grupos supremacistas blancos. Estos durante los años 90 se organizaron en milicias de extrema derecha que protagonizaron sangrientos ataques terroristas dentro de Estados Unidos.

Barack Obama afronta el acoso de la extrema derecha fundamentalista de su país, opuesta a las reformas y al cambio, también motivada por el proyecto de modificaciones al actual sistema de salud en Estados Unidos, porque afectaría a intereses económicos creados de los poderosos empresarios capitalistas, cuando más de 50 millones de personas sin seguro médico reclaman amparo del gobierno.

Garantizar cobertura médica a todos los estadounidenses es un sueño, y la actual administración no puede soslayarlo, aunque plantea enormes costos, que conllevarían imponer más impuestos y motivan otros debates, como el del aborto y el régimen integral de seguridad social.

Obama encarna una mezcla explosiva en ese contexto, por ser de piel oscura y porque sus programas de gobierno se parecen a los de los ex presidentes Kennedy y Clinton, quienes en su momento fueron blanco de la propaganda de la extrema derecha.

A través de programas de la cadena Fox, y otros medios de difusión masiva, se está creando un ambiente social proclive al magnicidio, entorno al que contribuyen entidades racistas de la conocida supremacía blanca, a nueve meses de estrenado el actual gobierno.

El presidente negro se sale del molde de la clase dominante norteamericana, la élite blanca y protestante. No es socialista, pero impulsa cambios. Y como afirman alarmados sus defensores, en Estados Unidos no hay golpes de Estado, matan a los presidentes.

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