Ni golpes ni abrazos
Hector Morales Techera *
esde hace varios días sentimos la necesidad de hacer conocer nuestra modesta opinión acerca de dos o tres temas que vienen siendo manejados en forma totalmente artera por connotados representantes de la derecha vernácula y, de los cuales alguien debe salir al cruce para poner las cosas en su verdadero lugar.
Antes de que la manida teoría de Goebbels se convierta en realidad y también por algunas actitudes de compañeros de la izquierda y de otros que se dicen de izquierda pero trabajan con y para la derecha (como en el caso de nuestra anterior nota) es necesario hacer conocer otra versión. Hombres y mujeres, tan izquierdistas como los que asumieron actitudes que no compartimos y que explicaremos, no podemos sentirnos representados ante hechos y dichos ocurridos en los últimos días en el marco del Parlamento Nacional.
Tal es el caso del apoyo brindado en forma casi unánime por los diputados del Frente Amplio-Encuentro Progresista a la designación del nuevo presidente de la Cámara, el diputado Gustavo Penadés y el unísono reconocimiento a la «brillante gestión» del presidente saliente, el diputado Washington Abdala.
Apoyo y reconocimiento que no sólo no compartimos, sino que rechazamos y no entendemos cómo nuestros representantes se lo pudieron brindar a estos dos legisladores quienes, hace varios años, desde sus bancas y, en forma ostentosa, vienen manifestando su desprecio hacia quienes no compartimos su obsecuencia con el Poder Ejecutivo y su forma de legislar a espaldas de la gente en detrimento del poder independiente que se integra en el Parlamento nacional.
Tiene que quedar claro que este rechazo no es fruto de una lógica aversión personal que se pueda sentir hacia estos dos personajes por su cerrada defensa de intereses antagónicos al de los trabajadores y el pueblo, ni por sus comportamientos patoteros durante el desarrollo de sus funciones. Nace precisamente de las concepciones, totalmente contrapuestas que tenemos de cómo debe funcionar la democracia representativa.
Abdala se autodenominó «soldado» del Foro Batllista, olvidando que antes que nada es integrante de uno de los pilares de esa democracia, el Poder Legislativo, cambiando el espíritu de esa noble función por la concepción cuartelera de que los que no somos como él, somos «pichis».
Por esa razón, desde hace varios años, vive provocando a los que nos oponemos a él, llegando al colmo –siendo presidente de la Cámara– durante la inexistente discusión de la ley de Presupuesto, cuando ya estaba acordado por la coalición de gobierno trampear una vez más al pueblo uruguayo, de agredirnos de mala manera. Los gremios de trabajadores y estudiantes en esa oportunidad ocupábamos las barras guardando el debido orden para no ser expulsados de las mismas. Por iniciativa de alguien fueron introducidos unos 10 adolescentes, casi niños, que aplaudieron débilmente la intervención de un legislador. Ante ello y en forma inmediata y desaforada, hizo desalojar las barras, no permitiendo a los trabajadores y al resto de los estudiantes –que en forma pacífica permanecíamos atentos– ser testigos de ese despojo que se nos estaba haciendo.
Su última hazaña fue la de salir con un «grupo de choque» a realizar una pegatina en una actitud provocativa, el último 18 de febrero, burlándose de los 500.000 uruguayos que concurrimos a votar en contra de la Ley de Urgencia 1, amparados por la Constitución.
En el caso del diputado Penadés, hoy presidente de la Cámara, jamás podremos olvidar aquel día del mes de junio del 99, cuando se estaba discutiendo la Ley de Ajustes Semestrales (que luego tramposamente, se convirtieron en anuales) y decenas de trabajadores y jubilados, desde esas mismas barras, éramos testigos impotentes de otra vil estafa. Ante una reacción lógica, sobre lo que significaba ver rebajar aún más nuestros menguados salarios, comenzamos a abuchearlos. Y este individuo amparado en la impunidad protectora de sus fueros parlamentarios y al estar rodeado de decenas de policías, nos gritó en forma histérica: «Cállense viejos de mierda. Ustedes pronto se van a morir».
Es por todo esto y por mucho más que no compartimos en absoluto, ni los discursos, ni las bromas que despidieron a Abdala y le dieron la bienvenida a Penadés, así como los votos progresistas que ayudaron a ungirlo. Porque las actitudes de estos dos personajes no son el fruto de un momento de rabia. Esas actitudes obedecen a sus concepciones ideológicas. Anteponen los intereses de la clase que representan a su labor parlamentaria, la que debería desarrollarse al servicio de la nación. Por ello, en este caso, las actitudes de nuestros compañeros del FA-EP confunden a nuestra gente, que ve asombrada cómo aquellos en quienes confían premian a los que se autoproclamaron sus enemigos. Ante ello, con total objetividad, afirmamos «que por suerte terminó la presidencia de la Cámara de Diputados del recluta Abdala (que ni para soldado sirve). Por desgracia para el país, por el término de un año, tendremos que soportar en la presidencia de la Cámara al diputado Penadés, teniendo en cuenta que ese mismo cargo, en décadas anteriores, fue desempeñado por dignos legisladores, que hicieron de la defensa de la independencia del Poder Legislativo, una cuestión de principios. Es el caso de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, quienes ofrendaron sus vidas en el defensa de esos principios. Referentes que no tomaron en cuenta ni el anterior ni el actual presidente de la Cámara de Diputados.
De ninguna manera somos partidarios, pese a las enormes diferencias que nos separan a los progresistas de estos señores, que andemos a los golpes con ellos. Pero, por lo mismo, tampoco estamos obligados a vivir a los abrazos.
Y ello, por lo del título.
* Dirigente de COFE
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