¿Dónde están los pobres en Montevideo?

Muchas veces se afirma que el Uruguay ya no necesita diagnóstico sino propuestas y soluciones. Desde hace un buen tiempo he planteado una tesis contraria: al Uruguay le hacen falta diagnósticos, particularmente de la nueva sociedad fracturada que hoy tenemos. No nos hemos hecho las preguntas correctas y por eso la calidad de nuestras políticas y sus resultados no está en sintonía con el enorme volumen de recursos que el país aplica.

Un caso paradigmático está relacionado con la pobreza y los asentamientos. Bajar la pobreza y eliminar la indigencia son a esta altura planteos políticos aceptados y respaldados por todos los partidos políticos en campaña. Ya lo han dicho los candidatos. El asunto clave es cómo y por dónde empezar.

Mujica ha planteado que a los 15 días de asumir la presidencia apelará al voluntariado y a las Fuerzas Armadas para instalar al menos 12 campamentos en zonas marginales señalando que es necesario plantearse como un gran objetivo atacar la pobreza. Por su parte, Lacalle se propone construir núcleos básicos evolutivos y mientras se edifican instalará infraestructuras con baños y servicios para «mostrarles que se puede acceder a ese tipo de vida», «iniciar el círculo virtuoso» e incorporar «hábitos» en ese sector de la población para así evitar que Uruguay tenga «una sociedad latinoamericana típica». Hugo de León reconoció que visitó por primera vez un asentamiento en el año 1998 y luego decidió irse a vivir a un barrio privado. La semana pasada volvió a visitar uno como candidato.

El Instituto Nacional de Estadística señala en su informe Condiciones de Vida en Montevideo, segundo semestre 2008 que «quedan ampliamente constatados tres hechos, uno obvio y otros dos no tanto: (a) en los asentamientos se concentra la pobreza más que en ninguna zona de Montevideo, (b) no todo es pobreza en los asentamientos y (c) hay cuantitativamente bastante más pobreza fuera de los asentamientos que en ellos».

El 70% de los hogares de los asentamientos es pobre, mientras que en la ciudad formal los hogares pobres representan el 16% de los hogares. Esto confirma la conclusión de que en los asentamientos hay pobreza concentrada y también plantea que uno de cada tres que vive en asentamientos no es pobre.

Por eso es relevante tener en cuenta que en la ciudad de Montevideo hay 24.000 hogares pobres en los asentamientos que pertenecen a los dos primeros deciles de ingresos y 73.000 hogares en esas mismas condiciones en el resto de la ciudad. Hay aproximadamente 3 hogares pobres en la ciudad consolidada por cada hogar pobre en los asentamientos. A su vez, unos 4.000 hogares indigentes habitan en los asentamientos y 5.000 lo hacen en el resto de la ciudad.

La ciudad de Montevideo tiene alrededor de 14.000 hogares que se inundan cuando llueve. Pues bien, 4.000 mil de ellos están en los asentamientos urbanos, alrededor de mil se encuentran en asentamientos ubicados en zonas rurales de la capital y 9.000 ­la mayoría­ en la ciudad consolidada.

Otro dato ilustrativo, es el referido a la nutrición y la inseguridad alimentaria. En el segundo semestre del 2008, 58.000 ciudadanos de Montevideo se alimentaron en comedores y merenderos. De ellos un 38% eran residentes en asentamientos y un 62% habitaban en diversos barrios del tejido formal de la ciudad.

Hay 49.000 personas en la ciudad de Montevideo sin derechos vigentes para la atención de la salud: 4.000 viven en asentamientos y 45.000 en la ciudad consolidada.

El informe revela un conjunto muy significativo de información que merece una reflexión al menos en dos direcciones. La primera se refiere a la importancia de los diagnósticos. La clave está en hacerse las preguntas adecuadas e intentar responderlas y no repetir mecánicamente análisis partiendo de estereotipos construidos.

La segunda se refiere a que este conjunto de informaciones deberían de replantear, en el proceso electoral, las propuestas de los partidos políticos en relación a la pobreza ya que, como se ha visto, concentrar las actuaciones en los asentamientos estaría impactando en términos cuantitativos en un grupo minoritario del conjunto de los pobres. Si la apuesta es a reducir la pobreza a un dígito, las estrategias deberían de cambiar.

Por eso a la hora de definir políticas públicas es decisivo tener el conocimiento y los instrumentos para actuar. De lo contrario estamos a ciegas. La política sin conocimiento profundo de la realidad es voluntarismo y eso puede movilizar a la sociedad un tiempo pero no la transforma.

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