Ingreso por concurso, por sorteo o a dedo?
Hace escasos días los 225 ediles departamentales del Frente Amplio se pronunciaron a favor de impulsar en todos los departamentos del país el ingreso por concurso y/o por sorteo público a los diferentes organismos departamentales (intendencias, juntas, etcétera) en aras de darle a todo el pueblo uruguayo las garantías necesarias de cristalinidad y transparencia, como así también apostar a la igualdad de oportunidades para todos los uruguayos.
No se trata de un tema menor y mucho menos de una artimaña propia de un proceso electoral. Así lo avala una administración que está por cumplir 4 años y medio al frente del país, donde no ha entrado ni un solo funcionario a dedo, sino que absolutamente todos lo han hecho ya sea por concurso o por sorteo. Se trata de una postura filosófica y ética por la que siempre luchó el Frente Amplio y, cuando tuvo oportunidad la puso en práctica.
Por otro lado regularizó la situación de miles de ciudadanos que trabajando para el Estado, en algunos casos, cobraban en negro. En fin, situaciones propias de un país bananero en el que el rédito era para el gobernante de turno.
En un momento, cuando cayeron en la cuenta que vetar el ingreso de nuevos funcionarios a la administración pública era contrario a sus intereses de contar con un mínimo aparato estatal que fuera incapaz de ejercer un control natural del país, apelaron al ingenioso recurso de los «contratos de obras». Este invento, sobre el cual no existía control parlamentario, sirvió para continuar con el clientelismo político y asegurarse funcionarios fieles.
Pues bien, cuando el Frente Amplio propone una ley para institucionalizar el método de ingreso a la administración pública, la derecha se opone. No les interesa que existan garantías de cristalinidad y trasparencia y que el Estado busque contratar a quienes necesita y a los que pueden cumplir la función para la cual son contratados. Pero eso no le sirve a la derecha, prefieren otra modalidad.
Nuevamente se enfrentan la concepción de contar con un Estado y una nación moderna acorde a las exigencias del mundo de hoy, con la visión feudal y por tanto retrógrada que primó durante tantos años por la que se gobernaba de manera que le sirviera a una minoría, pero sin ningún interés general en adaptar el país a las reglas del mundo. Mucho se ha hablado de apertura comercial y de TLC, pero, con el país que formaron los Batlle, los Sanguinetti, el propio Lacalle, nos acercábamos más a una colonia que a un país dispuesto a progresar y superarse.
Otra gran diferencia quedó en claro con la propuesta de los ediles frenteamplistas de que se considere en una futura reforma constitucional el reconocimiento institucional del Congreso Nacional de Ediles con igual tratamiento que el Congreso Nacional de Intendentes.
De esa manera no sólo se lo jerarquizará sino que se lo fortalecerá institucionalmente, generando un ámbito político de referencia para el desarrollo de políticas municipales, en definitiva, una forma muy concreta de institucionalizar y fortalecer el proceso de descentralización que tan acertadamente se ha estado llevando adelante en el plano de inversiones, a las cuales se les otorga beneficios especiales si se instalan en el interior del país. Es la diferencia entre el discurso y los hechos, la práctica diaria de un equipo de gobierno que se ha caracterizado por la cristalinidad, por rendir continuamente cuentas de su accionar a todos los ciudadanos.
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