EDITORIAL

En octubre son dos opciones opuestas

Quedan pocas dudas de que la elección que deberá realizar la ciudadanía el último domingo de octubre es una reiteración de lo sucedido cinco años atrás.

Han cambiado algunas caras, pero en cuanto a propuestas se puede simplificar en el siguiente dilema: o se opta por una política de continuidad en los cambios o retornamos a los ajustes fiscales (un ajuste fiscal implica necesariamente una reducción del gasto del Estado, lo cual inevitablemente conduce a menos obras, reducción de salarios, menos trabajo para las empresas nacionales proveedoras), a las ventas de bienes ciudadanos (privatización de empresas publicas), enfrentamiento con los trabajadores, libertad de mercado que implica un sálvese quien pueda, apertura irrestricta a capitales extranjeros sin importar si son productivos o especulativos, y podríamos seguir enumerando una serie de conceptos que el Partido Nacional ya puso en práctica en el corto periplo de gobierno de 1990-1995 y que tuvo a posteriori nefastas consecuencias sobre el sistema financiero, el aparato productivo y la desaparición de numerosísimas empresas nacionales pequeñas.

La otra opción que se presenta es una profundización de lo que se ha venido realizando y que podríamos sintetizar en una frase del presidente Tabaré Vázquez cuando le prometió a todos los uruguayos que su gobierno, el del Frente Amplio, no iba a permitir que el peso de la crisis mundial recayera sobre los hombros de los trabajadores.

Se trata de mucho más que una frase o una promesa porque, en primer lugar, cumplió con su palabra ya que los salarios continuaron subiendo, la inflación bajando, la desocupación disminuyendo, llegando nuevas inversiones productivas, continuándose con las inversiones del Estado e iniciando nuevas.

Se comenta que hay mucha gente «desencantada» del actual gobierno. En realidad habría que ver exactamente cuánto significa mucha, en segundo lugar el motivo de ese desencanto. Parece bastante claro que la población sin recursos, la de escasos recursos y la de bajos recursos, ha sido sumamente beneficiada. Existen otras franjas que también lo fueron, pero parecería que hasta el momento no han caído en la cuenta de que ahora viven mucho mejor. Muchos trabajadores no tienen idea de cuánto era el porcentaje de rebaja que recibían de su salario por concepto de IRP, simplemente era un descuento que ya sabían que se les hacía todos los fines de mes, pero no han sacado cuentas de que, en realidad, antes pagaban bastante más que actualmente con el tan cuestionado IRPF. También están aquellos que tenían grandes facilidades para subdeclarar sus ingresos y que ahora no lo pueden hacer.

Tampoco tienen en cuenta la desaparición de una serie de impuestos, el acceso a la salud, a la educación, a las nuevas tecnologías, el amparo que otorga una serie de leyes votadas durante este gobierno sobre convenios colectivos y la incorporación de sectores de trabajadores al sistema de previsión social para toda la población.

Son muchos elementos positivos que con seguridad la ciudadanía tendrá en cuenta cuando le prometan por el otro lado una motosierra, mayor represión, eliminación de reformas como la de la salud, de planes de integración social llevados adelante por el Mides, congelamiento de Asignaciones Familiares y tantas otras realidades del Uruguay en el que hoy vivimos.

Las campañas electorales se caracterizan porque los candidatos buscan mostrar su mejor cara, pero en realidad lo que se evalúa en el momento de depositar el sobre en la urna es definir si se opta por una profundización de lo que se ha venido realizando o si se prefiere otro tipo de políticas que ya se pusieron en práctica y sistemáticamente fracasaron.

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